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EL VENEZOLANO NO ES MIGRANTE

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Dejémonos de palabrerías insulsas: hay poquísima gente que se va de su país de origen si no tiene una o varias poderosísimas razones para emigrar. Muy pocas persona emigran, y más fuera de su idioma, por simple aventura. El venezolano que se vino para Norteamérica antes, durante o después de los TPS o se olía que aquello iba de mal en peor una vez que el país cayó entre las manos del miserable de Hugo Chávez y luego con la dictadura electoral que extendió Maduro. El venezolano no tenía otra opción.

Así, o el venezolano estaba tratando de salvar el patrimonio de toda su familia. Un patrimonio que en nuestro país había levantado durante toda una vida, la mayoría de las veces a lo largo de varias generaciones.

U otro de los muchos casos, venezolanos que les tocó escapar de la increíblemente amplia gama de formas de persecución de todo tipo que ha llevado y sigue llevando a cabo el régimen de Caracas contra todo aquel que no esté conforme con sus estupideces o no acepte como un cretino todo lo que un puñado de delincuentes y pícaros imponen a la brava.

Insisto: por turismo no fue que se vino para quedarse definitivamente en Estados Unidos ese montón de venezolanos que llegó.

Todo venezolano con visa americana venía antes a este país a gastar su dinero en buenos hoteles, tiendas, paseos y parques, y se regresaba a su casa con un bojote de franelitas, imanes para las neveras y un montón de fotos de toda la familia pelando los dientes.

O muchos, desde hace muchísimo tiempo, compraron viviendas y se pusieron en activos en América. ¿Adónde más llevarían su dinero? ¿A Siria, a Gaza? ¡Por favor!: se los trajeron al país de todas las seguridades y oportunidades.

Una parte importante de Venezuela corrió a protegerse dentro de los Estados Unidos de Norteamérica. Otra parte considerable de venezolanos fue empujada a irse del país, y estamos hablando de más de 8.5 millones de mujeres, hombres y niños que se vinieron a proteger en este país.

Unos buscando encontrar el sueño americano. Otros apostando a la confianza de la protección del hermano mayor. Los menos, los más poquitos, aspirando a hacer sus fechorías en el país de la abundancia. Porque, hablemos claro: los malandros, los bandidos del Tren de Aragua y los choros de todo tipo también vieron restringidas sus posibilidad de hurtos y sinvergüenzuras en una nación cada vez más empobrecida. ¿O es que se vinieron para este país para practicar inglés? ¡No, mijito!

Hasta los pajarracos que tenían asolada las calles de Venezuela se consiguieron con el mismo rollo que las grande mayorías: Venezuela está por los suelos. La gente ni tiene, ni la mayoría de las veces cuenta con qué vivir; y mucho menos poseen algo de valor que pueda ser robado.

Solo un muy pequeño grupo, incluido de venezolanos, cuentan con recursos suficientemente atractivos como para ser “clientes” interesantes de los bandidos que se han venido a delinquir a este país. Y son, justamente ellos, quienes cuentan con protección o plata con que pagársela, para que el régimen les permita funcionar. Porque la ley, y sobre todo la justicia en Venezuela, está bien tarifada. ¡Al mejor postor!

Y eso, aparte del evidente tema político, no ha cambiado. La miseria y la pobreza en Venezuela y en los venezolanos de hoy por hoy no tiene límites creíbles. Por eso me pregunto: ¿Qué puede, entonces, haber cambiado para que se le revoque la condición de protección a un pueblo que continúa pisado, muerto de hambre y sin oportunidades de futuro?

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