CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

El viento del Perú, Argentina y Brasil

Con un entramado institucional que todavía funciona como anclaje para su democracia, Perú logra deshacerse del peligrosísimo estúpido de Pedro Castillo. Así que el Congreso peruano, el Poder Judicial y sus Fuerzas Armadas corrigen el error que significó colocar a un incompetente cretino en el poder, y lo sacan de la jugada.

En la Argentina, la señora Fernández es desmantelada de por vida de la política en ese país. Su más alta Corte pone fin a la red de corruptelas y robos descarados que ese personaje ha venido perpetrando de forma continuada, con total cinismo e impunidad por décadas.

En Brasil, el caso Lula hace colapsar al sistema electoral, empujando al exconvicto al rincón de la trampa. Así, aun cuando el fallo final no está decidido, en Brasil los chuecos electorales de Lula están heridos de muerte.

Lo que pasa es que, con un inventario mínimo de instituciones democráticas que funcionen, que se conserven realmente independientes y que no estén rendidas al poder ejecutivo, América Latina puede ver luz al final del túnel. Esa es la única forma “legal” y “normal” de sacudir a tanto maleante que se ha pegado al poder en nuestra región.

Habría que contar con una especie de ADN institucional para pensar que “esa” puede ser una salida para la pesadilla del siglo XXI en Venezuela. ¡Y “eso” es mucho pedir!

El tejido institucional en Venezuela fue expresamente desconocido. Chávez, por sugerencia de Fidel Castro, se tomó su tiempo, con paciencia y salivita, para convertir a todo el país en un gran patio de bolas criollas de los malandros, con todo y cervezas frías, palabrotas y chistes malos.

Mientras que la contraparte política del régimen era comprada y recomprada con los dólares de CADIVI y los negocios más estrambóticos a la sombra del régimen.

Eso hizo que nuestras instituciones se pervirtieran y se enlodaran a paso de vencedores, prostituyendo al país civilizado, al punto actual, de completa y total sumisión al régimen.

Hoy, sin lugar a dudas, como país no somos capaces de producir verdaderas respuestas de tipo democrático, todo está infestado, el Estado está completamente contaminado y el país está destruido.

Maduro y sus secuaces están encaramados sobre un Estado que no tiene ni autonomía ni capacidad alguna para autocontrolarse y ni tampoco producir salidas o soluciones como las que están ocurriendo en Perú, Argentina y Brasil, donde sopla un viento bueno para todo el continente.

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