CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

En la zona oscura del planeta

Todo indica que la democracia, la libertad de las naciones brutalmente saqueadas en pleno siglo XXI pasan al plano del discurso, de lo teórico, cuando se altera la oferta y la demanda del crudo, a nivel mundial.

Digo: es que el presidente Macron de Francia le sigue la cuerdita al Departamento de Estado norteamericano y de repente se consigue con nuevos amigos: el colombiano Nicolás Maduro y su combo.

Monsieur Macron no se quiere quedar de último en la cola que puntea la Chevron en Venezuela; él también aspira a parte de la torta y de la gelatina de la fiesta sin control alguno que es Venezuela.

¡Es que TOTAL, la poderosísima empresa petrolera francesa, también es hija de Dios! Ponerles los taladros a los magníficos yacimientos venezolanos, manejados con muy baja dificultad por una pandilla de mafiosos desde La Habana no les debe significar mayor problema.

Así, disfrazados todos para otro encuentro sensacional en Francia de países por la libertad, Macron vuelve a reunir a Blyde y a Rodríguez. Y allá, juntos y agarraditos de las manos, pasearán por los Campos Elíseos ya decorados para la navidad.

La intelectualidad francesa, esa que ha hecho del socialismo una de las industrias más rentables de ese país, ahora resulta que se presta como celestina entre los inseparables fulanos que tienen patas «parriba» a Venezuela: el régimen y su oposición.

Y así, para tapar lo del gato, la América de Joe Biden trata de esconder lo inescondible: Nicolás Maduro continúa siendo y funcionando en Venezuela como un presidente ilegitimo. Su origen fraudulento se remonta a las elecciones presidenciales de 2013, que por “extrañas” razones, Henrique Capriles no salió a defender la voluntad del triunfo popular. Lo mismo que la cadena de origen del dictador actual de Venezuela: a Hugo Rafael Chávez Frías le fue revocado el mandato a través de una consulta pública en 2004, aun cuando también entre gallos y madrugadas cambiaron los resultados.

El realismo petrolero, la crisis energética que sacude al mundo post peste china, los ajustes comerciales y políticos producidos por la invasión de Rusia sobre Ucrania y la rápida extinción de los yacimientos petrolíferos del mundo árabe, favorecen a Maduro y a su malvada oposición. Colocan a ese par de grupos de vividores de Venezuela en el mismo lado de las sostenidas torpezas cometidas en materia energética por los Estados Unidos de hoy en día. Es decir, EN LA ZONA OSCURA DEL PLANETA.

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