CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

En puerta el estado comunal

Estos sinvergüenzas del régimen de Caracas continúan jugando con fuego. Con el único fin de continuar atornillados en el poder político del país, ahora apuestan a lo que ellos llaman el “Poder Popular”.

Y “eso” no es otra cosa que transferirle a lo loco las competencias de la acción pública a un grupo de fanáticos adictos al régimen. Individuos que han demostrado una tremenda incapacidad y una altísima falta de escrúpulos, hasta para la venta de las bombonas de gas para cocinar, dentro de sus propias comunidades y entre sus vecinos de toda la vida.

El régimen va con todo para quebrar la estructura operativa del poder político dentro del Estado venezolano. Pisoteando la naturaleza misma del municipio, desde donde nació Venezuela, pretenden saltarse a la torera detallitos como el del situado constitucional y el de la estructura constitucional del poder público de la nación. Si las alcaldías y las gobernaciones no funcionan adecuadamente, la solución no consiste en institucionalizar el caos y el chisme como nueva forma de hacer política; es haciendo reingeniería y mejoramiento de procesos en los niveles más importantes de cualquier sociedad moderna: lo local.

Muy por el contrario los bandidos del régimen, con estas leyes que seguramente van a pasar dentro de una Asamblea Nacional de imbéciles e ignorantes, solo buscan mantener al país, para siempre, en un completo caos. Porque mientras más se parezcan a caimaneras la elaboración de las políticas públicas locales en la Venezuela a retazos con que ellos sueñan. Mientras menos formalidad posean los instrumentos para la implementación de las acciones públicas dentro de ese nivel del estado, más espacio se abre para el guiso, para la corrupción, para el clientelismo político más aberrante y para la delación y la «sapeadera» como forma de vida comunitaria.

Demás está decir que ese «arroz a la cubana» sepultará definitivamente a la tan cacareada democracia participativa y protagónica que ellos mismos se inventaron.

Es que mientras más zaperoco, más desorganización y más ignorancia se fomente para el desempeño de las funciones públicas, como ocurre en Cuba, se controla más y mejor todos y cada uno de los hilos del verdadero poder de un estado policía sobre la gente.

Con este desastre, estos miserables reglamentan la muerte de la descentralización en Venezuela; y ese estado comunal dependerá absolutamente del Palacio de Miraflores, es decir, del capo colombiano Nicolás Maduro.

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