El Fogón de la Editora

ENTRE LA INGRATITUD Y EL HONOR

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Después del golpe de Estado en Chile en el año de 1973, Venezuela dio refugio, acogida y protección no a uno, sino a miles de chilenos que salieron como pudieron espantados de su país.

Llegaron con lo que tenían puesto. Sin papeles, sin certificación de títulos universitarios, solo con sus historias y sus cuentos sobre las atrocidades que llevaba a cabo el sanguinario de Augusto Pinochet y sus asesinos de estado.

De hecho, poquito tiempo después de haber sido derribada la democracia más longeva que existió alguna vez en Latinoamérica, Pinochet junto con sus secuaces de Argentina, Uruguay y Paraguay montaron su tristemente famosa “Operación Condor”.

Las más horripilantes dictaduras del Cono Sur se confabularon para perseguir, secuestrar, aniquilar y extinguir cualquier posible disidencia que existiese en su contra.

El largo brazo del mal incluso llegó a colocar una bomba en el carro del doctor Orlando Letelier, el último canciller del derrocado gobierno del doctor Salvador Allende, acá mismo, en la capital de nuestro país, Washington.

Cincuenta años después, sin que la democracia chilena tenga un poco de memoria y de vergüenza, secuestran al teniente Ronald Ojeda en ese país. Un joven venezolano buscado por la dictadura venezolana, con precio por su cabeza, resistencia al régimen y Chile ni dice, ni pareciera preocuparle el asunto en lo más mínimo.

Con toda seguridad, la red de hampones y malandros que ha tejido el para-gobierno de Venezuela por medio mundo, son quienes están detrás del secuestro de este valiente venezolano. Como conocemos su Modus Operandi, ya se lo tratarán de vender al régimen de Caracas.

Pero, ¿y Chile qué? ¿Es que acaso está prohibida la venta de “fitina” en ese país?

Muy pronto olvidaron que mi país, mi gente, mi nación y mi estado extendió un manto de protección sobre no varios, sino sobre miles de chilenos por largos años; que luego regresaron a Chile a reconstruir su democracia.

Queremos, exigimos la recuperación sano y salvo, fuera de las manos de los criminales de Miraflores, de ese joven, el teniente Ronald Ojeda.

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