CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Esa es su naturaleza

La Venezuela grandota, la que es mucho más y mejor que la otra, está luchando sola en contra de un poderoso entramado de delitos y de delincuentes que lograron hacerse con el poder hace unos veintipico de años a las espaldas del primer triunfo de Hugo Chávez en el 98.

Pero, por favor, ¡no nos confundamos! Diosdado, Padrino, Maduro, así como el resto de los capos en Venezuela, no son políticos. Muchísimo menos son operadores sociales, son simplemente delincuentes comunes legalizados con una legitimidad falsa de hombres de estado.

Hablamos de malandros rabiosos, como aquellos que sabemos de su existencia en los barrios más peligrosos en Venezuela o de cualquier lugar del mundo. Solo que estos, quienes están torturando día a día a nuestro país, se han apropiado, por la vía de elecciones fraudulentas, de los símbolos y de las instituciones de un Estado y de una República para llevar a cabo sus fechorías a un nivel, a una escala colosal nunca vista.

El marxismo de finales del siglo XIX y principios de los XX soñaba con la participación de fulanos de esta calaña para alcanzar el poder. Imaginaba la “colaboración” de lo que ellos llamaron «el lumpen proletariado», un ser sin escrúpulos ni ninguna conectividad positiva con la gente, que ayudaría a la destrucción del orden social establecido para hacer la revolución.

José Stalin era un consumado asesino y atracador de bancos en la Georgia de antes de la Revolución Rusa de 1917. Alguna parte de lo que «tumbaba» llegaba a las manos de un Lenin que, como mantenido por el delito que era, escribía líneas tortuosas. Mientras tanto disfrutaba de la seguridad de la linda Suiza.

Todos conocemos el resto de esa aberrante historia. Al psicópata de Stalin, al cual se le atribuyen cerca de 35 millones de víctimas, una vez que logró amarrarse al poder, en los primeros años del experimento desastroso que resultó ser la Unión Soviética, no conoció límites.

Maduro, Padrino, Diosdado y el resto de la camarilla de los más buscados por la administración norteamericana que presidió Donald Trump, no son ni muchos menos distintos a estos asesinos que acabaron con millones de personas en la vieja Rusia.

Nosotros, en Venezuela, nos enfrentamos día tras día con ese mismo tipo de matones y ladrones sin moral, sin dignidad alguna y sin el más chiquito remedo de sentido de país, ni mucho menos de nación. No importa que cacareen que ellos representan ser todo lo contrario; eso es parte de la estrategia infame que consiste en repetir todo el tiempo la misma mentira, para tratar de convertirla en una verdad impuesta o una verdad a lo arrecho.

Y todos esos malandros que están pegados al poder y a las enormes riquezas con que cuenta Venezuela, no salen a través de Elecciones Libres. Para ellos es un asunto de supervivencia del más echado a perder, siempre hacer trampas, hacer lo que sea para quedarse atornillados en el poder. ESA SU NATURALEZA, como la fábula de la rana y el escorpión.

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