El Fogón de la Editora

ESCÁNDALO

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Desde Guaicaipuro hasta nuestros días no se tiene registro sobre ninguna tribu, bojote, montonera, colonia, junta para la independencia o repúblicas en Venezuela en donde quienes han estado en el poder no se hayan embolsillado algo de lo que es público.

Pero, desde tiempos inmemoriales, o desde los tiempos de Páez o de Guzmán Blanco, o del general Gómez, la robadera más descarada siempre la han tratado de mantener bien tapada, como hace el gato. Pero estos bandidos rojos-rojitos no. ¡Fíjate tú! ¡Pero qué raro!

Y ahora resulta que en un arrebato de mea culpa, los facinerosos del régimen de Caracas le muestran a la gente, vía internet, las caletas, los yates, las muchachas con que parrandearon los nuevos ricos de Al Aissami, los aviones, helicópteros y hasta los bancos con todo y los números de cuentas por las cuales, desde hace añales, transita el dinero que todos ellos le vienen robando al pueblo venezolano.

Ahora resulta que Maduro, Cilita, los hermanos Rodríguez, Rafael Ramírez, las hijas de Chávez y toda la parranda de malandros que llevan más de 25 años saqueando a nuestro país, dicen estar “horrorizados” por el descaro en la robadera de plata de una de sus bandas rivales en el poder.

Es que esto se parece mucho a lo que decían las viejas de antes, allá en mi pueblo: “mira mija, lo que perjudica es el escándalo”.

Y también me recuerda mucho al desenlace de la historia del general Arnaldo Ochoa, héroe de la revolución cubana, a finales de los años 80. Él junto con otros altos oficiales del ejército de su país fue atrapado con las “manos en la masa”, controlando una poderosa la red de narcotráfico que estableció por órdenes de su patrón, Fidel Castro. Por cierto, el gobierno cubano montó parte del negocio con otro insigne maleante: el colombiano Pablo Escobar.

Pero cuando el asunto se hizo público y los militares superricos con las drogas se comenzaron a convertir en posibles riesgos para los Castro y sus intereses, toditos fueron a dar al paredón de fusilamiento, donde, casualmente, antes habían mandado a muchos inocentes.

Estos comunistas de caricatura son muy inmorales y sin escrúpulos; pero también son muy aburridos. No cambian el disco. Repiten y repiten las mismas pazguatadas, tirándolas para ver a quienes se las pegan.

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