Opinión

Estamos de pie

Ariel Montoya / Venezuela RED Informativa.us

Estamos de pie. Así continuaremos hasta el final como árboles de raíces eternas hemos consumado los rituales de la indiferencia, del «yo que pierdo», hemos desterrado la apatía como hojarasca a la basura, no más quejas ante insólitos tribunales de infamia, de ferias de mentira en mentira hemos desnudado nuestra mirada accionamos hacia las trampas de la denuncia los crímenes que a diario se cometen no solo desde cárceles o clandestinos mensajes telefónicos.

Estamos de pie, no más amaneceres con la pistola en la sien, no más mordeduras de culebras enrolladas en agendas de muerte y traición no más amenazas de perpetuidad del Tirano y sus clanes de sangres descompuestas deambulando por patrimoniales decisiones y vidas que no les pertenecen, no más emboscadas policiales sobre apacibles esquinas en la ciudad sitiada, en el país tomado se creen inmaculados cuando nos amenazan fuertes desde sus resguardos custodiados por viejas traiciones de hombres que se igualaron a ellos; y que ahora piensan como ellos, obedecen a ellos.

Nosotros no; nosotros, que no pudimos graduar a nuestros hijos a no ser en los arduos trabajos del extranjero en los manicomios carcelarios a los que los sometió la pusilánime actuación del perverso eje del mal o en la muerte mientras transitaban en fronteras picadas por coimas, serpientes y coyotes de carne y hueso humanos. Mientras aquí, acá, esperábamos a un Dios que se apiadara de nuestros pies cansados del encarnado fracaso de nuestras vidas tropezando sobre piedras de otoño mientras ellos elevaban castillos de poder y soberbia llevándose la arena que nos pertenecía, con todo y sus pájaros y flores a sus caudillescas madrigueras.

Ya no es así, mejor dicho, ya no será así no podrán ni con todas sus bayonetas cortar el vigoroso tallo que crece desde estos eficaces días ya no beberemos el agua de otros ríos pues nuestra amarga sed no da para más ni habremos de quejarnos por muy lejanos que parezcan los soles.

Aquí estaremos, siempre de pie en esta tierra que nos calza o que cargamos en las desdichadas aduanas ferroviarias o lacrimógenas del destierro con una mano asida a nuestras esperanzas y la otra, la otra para siempre empuñada, firme, elevada al cielo de tus cielos, Nicaragua.

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