Opinión

Feliz guerra

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa.us

A decir de Ruiz de Santayana, aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla, frase que se encontró en los campos de concentración de Auschwitz y ahora en Venezuela.

Al comienzo del nuevo año es oportuno indicar la bitácora del destino de la Venezuela de verdad, no la de los politiqueros farsantes, por lo que ahora corresponde recordar breves pasajes de la historia que tendremos que repetir por no haber aprendido de ella.

¿Qué lecciones de la historia tendrán que repetirse?: «¡Que los grandes proyectos deben prepararse en calma! 300 años de calma, ¿no bastan?».

«En cuanto a la heroica y desdichada Venezuela, sus acontecimientos han sido tan rápidos y sus devastaciones tales, que casi la han reducido a una absoluta indigencia, a una soledad espantosa; no obstante que era uno de los más bellos países de cuantos hacían el orgullo de América. Sus tiranos gobiernan un desierto y solo oprimen a tristes restos que, escapados de la muerte, alimentan una precaria existencia; algunas mujeres, niños y ancianos son los que quedan».

«Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición… Un pueblo pervertido si alcanza su libertad muy pronto vuelve a perderla; porque en vano se esforzarán en mostrarle que la felicidad consiste en la práctica de la virtud… Que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad».

«… los soldados, que son los más crueles, como los más tremendos cuando se hacen demagogos… Considerad, que la corrupción de los pueblos nace de la indulgencia de los tribunales y de la impunidad de los delitos. Mirad que sin fuerza no hay virtud y sin virtud perece la República…».

«Maldito el soldado que vuelve sus armas contra su propio pueblo». «…nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano en el poder, el pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía».

«Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas.

La súbita reacción de la ideología exagerada va a llenarnos de cuantos males nos faltaban o más bien los va a completar. Verá que todo el mundo va a entregarse al torrente de la demagogia y desgraciados de los pueblos y desgraciados de los gobiernos».

Si los venezolanos decidieran cumplir lo que llaman su Constitución, deberían seguir los ideales de El Libertador como se manda en ella.

A la peregrina pregunta del inocente: ¿cómo se hace?, la respuesta es volver sobre sus épicos pasos.

Un pueblo que se acostumbra a comprar todo tipo de bienes y servicios se hará menos capaz para algo edificante y constructivo por comodidad e ignorancia, es matemático, por cierto único fundamento creíble en un país sumido en la tragedia del crimen generalizado e institucional.

El origen de todo crimen es la ignorancia y la ignorancia fomenta la desunión. El Libertador murió pidiendo por la unión como único camino a la redención nacional. Tampoco se aprendió esa lección.

Parece paradójico que en tiempos de las luces volvamos al oscurantismo, un país que gobierna un idiota es porque su pueblo es de idiotas, no sigan con la demagógica letanía del populismo que nos merecemos todo, y no somos capaces de respetar nuestro propio suelo.

Dios nos permita siempre tener la opción de la guerra para no seguir en la ignominia de la esclavitud.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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