El Fogón de la Editora

GRITOS DE LIBERTAD

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

No perdamos el objetivo, porque yo también soy gente. Y como toda venezolana de 2023, tengo partida en cinco o en nueve a toda mi familia, que está regada por medio mundo.

Esta gente que ha hecho de mi país un chiquero, ha empujado a más de ocho millones de venezolanos fuera de su tierra y ahora resulta que Maduro, un colombiano, insiste en decir que nosotros somos los malos. Los culpables; ¿Sí, eh?

¿Quiénes abandonamos el país?, aquellos que no nos creímos un futuro que, está más que visto, ha sido solo para unos cuantos enchufadísimos y mil sandeces más.

Ya sabemos: muchos, muchísimos que se quedaron en Venezuela viven como pueden. Les toca ver un país congelado en una foto instantánea con casi 25 años de ser tomada, de retraso, sin que nada cambie. Sin que se agregue, mejore o se prometa que Venezuela va para mejor. Todo lo contrario. ¡»Patrás» como el cangrejo! A la cubana; solo que Venezuela quedó congelada en los 90, mientras que Cuba paró su reloj en los años 50.

En Venezuela existe toda una clase política que le hace la cuna al régimen. Ya el venezolano sabe quién es quién. Se conoce de arriba a abajo las payasadas de tal Leocenis García, por ejemplo, que entra y sale del SEBIN cada vez que el régimen lo pide en alquiler. Para luego reaparecer gordito y bronceado, con una patota de amigos, todos ellos con franelitas de su partido y bien vestidos, montando un show en algún barrio de Caracas, repartiendo besos y abrazos.

O, en cambio, los tantos y tantos olvidados que se pudren en las cárceles militares o civiles, siempre controladas por pranes asociados al régimen, que hacen de ellas infiernos en la Tierra. Esos, la gran mayoría de los presos políticos que mantiene el régimen como rehenes en Venezuela, solo cuentan con sus familias y las pocas lochas que juntan los suyos para pagar por una justicia de precios inalcanzables.

Presos del régimen que son solo un número, un bojote del cual Gerardo Blyde menciona a último minuto, cuando se reúne con Jorge Rodríguez. Que pone de últimos en sus negocios con Maduro y a la rehabilitación de los inhabilitados.

Después de la detención, nuevamente arbitraria, del grupo de «mariocorinos», los presos vuelven a tener nombre, rostro, familia y profesión. Yo juraba que todos los presos políticos en Venezuela eran iguales ante la injusticia del régimen de Caracas. Pero el país está tan pero tan volteado que todo indica que hay presos de primera, de segunda y de tercera.

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