Opinión

«Hambre en el trópico»: El vértigo del Apocalipsis

Orlando Peña / Venezuela RED Informativa.us

«Hambre en el trópico» de Edilio Peña es, como expresión artística, la síntesis trascendental de una larga trayectoria literaria en la que predominan diversos estilos, a la luz del suyo propio. Su influencia más notoria es la poesía del mal y el absurdo, manifestada en el uso de un nuevo lenguaje poético.

La obra muestra la desventura de una realidad social y existencial profunda en la que se impuso el mal en todas sus formas pero en ella se destacan los elementos más degradantes de esa descomposición social inducida por una dictadura nunca antes vista del totalitarismo en el trópico: miseria, hambre, corrupción, muerte, delincuencia, la pérdida del sentido de la vida en una brutal y silente depredación.

El propósito del autor va más allá de la creación literaria, de ser una obra teatral. Porque la capacidad de remoción humana a la que induce, convierte Hambre en el Trópico, en un universo artístico original de potente fuerza espiritual con la incorporación de elementos significativos mediante el uso de un lenguaje poético que hace brotar del misterioso universo del inconsciente un mundo de fantasía espontáneo, pletórico de agudeza intelectual inusualmente visto en la literatura.

La obra se inicia cuando el papá y el hijo, orientados por el olor de la comida, buscan el lugar donde antes estuvo el restaurant que tanto anhelan encontrar. Allí ambos abrigan el deseo de disfrutar de un plato de comida, de “lo que nos fue arrebatado de la boca por más de tres décadas”, de manera injusta y violenta. En su desplazamiento el hijo pide a Dios que su padre recuerde el lugar “pero no como regresan las palomas negras cuando pierden la esperanza en el infierno”, sabiendo por instinto con esta aseveración que tienen truncada toda esperanza humana. El padre recrimina a su hijo por afirmar que “Dios nos ha dado todo” porque “Se cogió el paraíso para él solo”. Aludiendo al “Dios político” que los expulsó del Edén, les arrebató la felicidad; solo piensa en su bienestar, no le interesa el dolor ajeno, el desamparo y la desdicha de los otros que sufren como consecuencia de su “revolución”.

Es el recorrido fúnebre hacia un lugar inhóspito, infecundo, desértico, el espacio infernal de la pobreza, donde pululan zamuros y personas niños-hombres transformadas en perros por necesidad, por la desolación del hambre y el infortunio. Pero el olor a comida resultó ser una falsa ilusión, una burla atroz, un engaño fraguado por la revolución, que los condujo a un lugar extraviado, a un gigantesco basurero, a una montaña de excrementos que se ha tragado una torre de petróleo, al infierno que será el escenario de encuentro de una danza macabra que se aproxima.

El progenitor, indignado, inculpa a Dios, el Creador, y al Papa, su máximo representante en la tierra, como cómplices de la degradación de los pueblos vejados por el poder; ellos encubren el mal visible e invisible que destruye todo lo que está a su paso, las acciones del azote político disfrazado del bien para someter a los ciudadanos con la omnipresencia del Estado opresor. El Papa, por orden divina, refrenda con su visita a los Estados totalitarios la tragedia y la condena de los ciudadanos en la tierra para después enviarlos de viaje al infierno.

Es alucinante el diálogo que sostiene el Funcionario con el Cadáver 1 en la escena VI en el que aquél le pide a éste que llame a Dios, al saber que el mismo Dios usa celular. Entonces el Funcionario le cede el celular al cadáver 1 quien le hace la llamada a Dios pidiéndole que intervenga ante la desgracia humana, pero Dios pospone la conversación con el cadáver por no poder resolver ahora la tragedia y le da audiencia para dentro de un siglo. En este diálogo se plantea un problema ético, metafísico y religioso de profundas consecuencias negativas para el hombre por su indefensión ante el mal y la crueldad. ¿Dónde está Dios? Si Dios existe, ¿por qué no ayuda al hombre a solucionar sus problemas? ¿O será tal vez que el hombre está condenado a vivir acompañado del mal y de la ilusión fallida de una esperanza como Dios? Es un hecho indiscutible que quien posee todo el poder es quien ocasiona el mal. O el tiempo de Dios no es el mismo tiempo del hombre. ¿Será que un segundo para Dios representa un siglo para el hombre? ¿O será un castigo de Dios para el hombre o una lección por aprender?

El papá no se crea falsas expectativas con el futuro que le espera a él y a su hijo. Sospecha que tarde o temprano ellos también sufrirán la metamorfosis de pasar de seres humanos a individuos-perros impulsados por la imposición de la arbitrariedad del poder político en cualquiera de sus representaciones. Tiene conciencia de que su nuevo lenguaje no será la semiótica expresada en la lengua humana sino la pronunciada en el signo ladrido-lenguaje-perro. Por ello su hijo aún no advierte lo que el niño-perro “quiere decir con sus ladridos”.

Inesperadamente el hijo observa que el “niño-perro” descubrió en el basurero “una mano humana” ensangrentada sin un dedo que su padre cree es el suyo, donde llevaba el anillo de oro de su boda cuando le fue cercenado en un atraco para venderlo. Acción ejecutada solo por quien vive en situaciones extremas de miseria y hambre que propician la quiebra del alma de las personas, retrocediéndolas al estadio primitivo del hombre, al instinto salvaje de sobrevivencia, pues lleva al individuo al extremo de vender “todo aquello que tenga valor para poder sobrevivir” hasta su mismo cuerpo por partes, o “completo” porque “no se sufre tanto y no queda rastro de que uno existió”.

En su estado de canibalismo ocasionado por el hambre, el niño-perro traga vorazmente la mano; sólo él se aprovecha de la presa que también los otros perros y los zamuros tratan en vano de arrebatársela. Ante esta situación el hijo propone a su padre el rescate de la mano pero éste lo detiene por la imposibilidad de ponérsela nuevamente debido al éxodo en masa de los galenos que tuvieron que abandonar el país azotado de miseria y descomposición.

Al final de la escena I el dramaturgo incorpora un mecanismo irracional, absurdo, fantástico, que lo convierte en un aspecto estructural de Hambre en el trópico. La mano derecha del progenitor, al ser devorada por el perro, se despide de su dueño quien rechaza la despedida por el resentimiento que aquella tenía con su mano izquierda, como si su mente y su cuerpo estuvieran fragmentados. La acción presenta una estrecha vinculación entre la realidad, el absurdo y la fantasía. Expresa el absurdo con el antagonismo personificado de las manos, una cuestión opuesta a la razón pero paralelamente surgida de ésta. Constituye un hecho imposible y contradictorio, la separación entre una acción irracional y un mundo racional que la supera. El absurdo es en este caso la disgregación, el desmoronamiento de la racionalidad. Como efecto de la creación poética, el autor incorpora en la obra el absurdo y la fantasía para darle relevancia a las acciones que son difíciles de entender mediante mecanismos racionales.

Ojp5@hotmail.com

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