CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Hay privados contentos con el régimen

A Polar y al resto del sector privado de la economía en Venezuela les sale un Criterios antes que se termine este nefasto año. ¿No les parece? Es que tampoco el mundo privado de la economía en Venezuela cubre con los sueldos y salarios que paga la capacidad de compra de sus trabajadores. Porque solo una parte del salario de los trabajadores privados se cancela en dólares, y eso en forma de bonos.

Como siempre sucede en Venezuela: ¡detrás de los enfermos se pegan los alentados!

Lo que queda del estado venezolano en pie paga los salarios en bolívares que cada día valen menos. La única diferencia que existe entre los trabajadores de ambos mundos consiste en la cancelación de una suerte de incentivo, de pago realizado bajo la mesa, que trata de cubrir una parte del sueldo de la gente en divisas los privados. Que, por cierto, esa parte ni esta indexada ni mucho menos se mueven en el tiempo, con relación a todos los precios de todos los bienes y servicios que se tranzan en el país.

Por favor: ¡la inflación de los precios en Venezuela es en dólares! Si un trabajador venezolano no gana su salario en dólares que se altere con los brincos de la inflación nacional, solo está corriendo el nudo de la horca. De tal manera que el sector privado de la economía venezolana, que vende todo lo que produce, importa o transforma en dólares, paga una importante parte del salario que cancela a sus trabajadores en bolívares. Sencillito: venden a precios en dólares y pagan una parte importante de sus compromisos salariales en bolívares, que cada vez valen menos.

En ese mismo sentido tengo de decir que soy de los muchos que creen que llegó la hora de poner un “pare de sufrir” al llantén interminable de sector privado venezolano. Quienes han sobrevivido, a como sea, funcionando dentro de una economía de escala como la venezolana actual, pero que están realizando extraordinarias ganancias, con una mano de obra cancelada con sueldos de subsistencia. Por eso, no le están haciendo ningún favor a nadie: ¡están haciendo buenísimos negocios!

Empresas Polar por ejemplo, que han vivido una de sus mejores eras de bonanza económica en estos últimos 23 años, ya está bueno de pasar la película sobre su supuesta y eterna condición de perseguidos políticos por el régimen. De los supermanes siempre escapando exitosamente de la rapiña y la kriptonita de un fulano como Diosdado Cabello.

Polar hace fortunas diariamente dentro de la Venezuela en ruinas. Pero, eso sí: pagan a sus trabajadores como acabamos de comentar. Operando en condiciones de oligopolio, misteriosamente permitido dentro de un supuesto país de corte socialista, hace no mucho tiempo atrás le imponía a sus millones de clientes que deseaban adquirir un par de paquetes de Harina Pan, comprar obligatoriamente un frasco de Mayonesa Mavesa u otro producto de su grandísima canasta. ¡Fuera caretas!

Allá, en Venezuela, se están volviendo cada vez más rico un gentío, jugando el mismo juego que le juega la oposición política de pago, al régimen de Maduro. Muchos, muchísimos de los empresarios privados de Venezuela deben estar muy contentos, muy felices, con la porquería en que los maleantes del siglo XXI han convertido al país.

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