El Fogón de la Editora

HERMANOS NICARAGÜENSES

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Igual que en aquellos siniestros tiempos de nuestra América del siglo XIX, el sangriento régimen de Nicaragua también se “reinventa”. Una reciente pena acaba de establecer la justicia de los Ortega: despojar de la nacionalidad a aquellos individuos que sus tribunales determinen como “traidores a la patria”.

En Venezuela ya fueron copiados. Y no podría ser de otra forma. La porquería del siglo XXI sabe dónde copiar los “aciertos”, tanto ilegales como sociales, que provienen de la misma alcantarilla.

Allá, en el horrendo siglo XIX y hasta en el XX de nuestros pueblos, los dictadores y las dictaduras usaron penas de esa naturaleza para silenciar a quienes les adversaban. El “extrañamiento” o el “exilio forzado” como condena fue muy frecuente como castigo que hacía imposible al “revoltoso” regresar a su tierra. Hoy, el socialismo del siglo XXI se las ingenia en una nueva modalidad, quitarle el pasaporte y arrancar la nacionalidad a todos aquellos que consideren un estorbo para la perpetuación fraudulenta y tramposa en el poder de sus robos masivos.

Lo patético de la “medida” es que quienes en Nicaragua, como también en Venezuela, controlan los sistemas de identificación y extranjería son los colonos cubanos que los gobiernan.

Es que si no fuera por lo sórdido y lo tremendo que significa una acción supuestamente legal de esa naturaleza por parte de un estado forajido, sería un mal chiste. Para cualquier individuo cuyo único delito es luchar por la recuperación de las libertades perdidas en ese país, eso no tiene nombre.

En plena era de viajes rápidos, globalización y comunidad del conocimiento, la cuerdita de países atrasados, fundamentalistas y lunáticos con los cuales se están juntando todos estos mochos, cada vez protege más a las dictaduras que pisotean a sus pueblos.

En completa ausencia de algo cercano a un policía internacional que meta en cintura a tanto tirano que está dando vueltas por nuestro hemisferio, esto va a estallar. La cómica de las dictaduras con origen en máquinas electorales arregladas tiene que llegar a su fin. La gente, los pueblos, tendrán que pasarles por encima. Y entonces nuestro continente se volverá a pintar de sangre.

Qué pena que en quienes por décadas confiamos para que las cosas no se salieran de control, en este momento sea la potencia más descontrolada del mundo.

Confiemos que a eso, en noviembre de este año, en este país se le ponga remedio.

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