Opinión

Hostilidades contra militares desde Miraflores

William Jiménez Gaviria / Venezuela RED Informativa.us

La persecución militar no solo se limita a efectivos militares, sino que se extiende igualmente a sus familiares, que no están exentos de escapar del radar de búsqueda del aparato de inteligencia del estado, controlado por un régimen totalitario, que no descansa en la persecución brutal y desmedida, colocando en riesgo la vida de las personas.

En este episodio, nos llega la historia de una familia venezolana, especialmente el caso de la ciudadana KEMES DIVEANA OLIVO HERNÁNDEZ, esposa del sargento primero Gustavo Graterol, un efectivo militar que estuvo adscrito a la CASA MILITAR, quien cumplía funciones en la Guardia de Honor Presidencial desde el Palacio de Miraflores, sede del gobierno nacional en Venezuela.

De acuerdo a nuestras fuentes, Gustavo Graterol decide no continuar prestando sus servicios al Regimiento de la Guardia de Honor Presidencial en Miraflores, esta decisión la asume para evitar involucrarse en violaciones a los Derechos Humanos, por lo que intempestivamente abandona su puesto de trabajo y huye del país, para NO ser detenido por los esbirros de la Dirección General de Contra Inteligencia Militar (DGCIM), su escape enfrentó dos importantes desafíos: Resguardarse para no ser capturado y proteger a su núcleo familiar, es decir, a su esposa Kemes Diveana Olivo Hernández junto con su menor hija, logrando mantenerlas en un lugar estratégico y seguro a las afueras del país, para evitar que fueran secuestradas por los órganos de la inteligencia política, una situación sin precedentes, una modalidad de la TIRANÍA que dirige Nicolás Maduro, lo cual es una práctica recurrente en la actualidad, que tiene como propósito el pretender forzar la entrega de los exfuncionarios públicos, que están siendo perseguidos en Venezuela por razones políticas.

La situación es grave y a la vez compleja, aún más ante la inexistencia de todas la garantías a los Derechos Humanos, una constitución solo en letra, pero muerta en su aplicación. No hay ESTADO de Derecho, por lo que los ciudadanos no tienen opciones, y solo lo que queda, es resguardar lo más elemental para un ser humano: LA VIDA.

La señora Kemes Diveana Olivo Hernández

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