El Fogón de la Editora

JUAN BIMBA

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

La aparatosa caída del precio del bolívar frente al dólar en algo más del 100% de su valor de registro en menos de un trimestre, ha terminado de pulverizar la capacidad de compra del salario de los venezolanos.

Si el país había hecho planes de pasar las fiestas decembrinas, comprar algún estreno y reunir a los pocos que quedan de las familias regadas alrededor de alguna mesa, la cosa está cuesta arriba.

Los precios de todos los productos y de todos los servicios dan brincos desaforados, mientras que los salarios en Venezuela se encuentran estancados a mucho menos del 85% de su capacidad de compra, con relación al pasado mes de noviembre.

La mayoría de las familias en Venezuela desistió de hacer hallacas o de comprarse un pan de jamón. Pero, aunque eso fractura la más rancia tradición decembrina de la navidad popular, expresa la continua zambullida en el túnel del hambre colectiva que ya se ha desatado en nuestro país.

Al venezolano de a pie, a Juan Bimba, lo están exterminando a punta de hambre. Es falso que los suplementos alimenticios que contienen las cajas Clap compensen en precios los artículos imposibles de adquirir para un venezolano común y corriente. La verdad es que la Venezuela Grande, la de la mucha gente, se está acostando día tras día con hambre.

Existe una brecha descarada, como nunca se había conocido en el país, entre los pocos venezolanos que tienen de todo y derrochan todo, y el resto del pueblo que prácticamente no posee nada. Y eso, por supuesto, ni le preocupa ni le incomoda al régimen. Sin los últimos controles de los mecanismos propios de una verdadera democracia, un aparato político como el que controla a toda Venezuela, siempre puede hacer uso de los malandros, las fuerzas armadas, las narco-policías y las fuerzas que acompañan a Maduro en explotar a nuestro pobre país. ¡Allá, lamentablemente, la pelea todavía la está ganando el miedo!

Hoy, en pleno diciembre, Venezuela está dividida entre aquellos individuos que tienen lo suficiente para pagar por amaneceres gaiteros, cenas de navidad en el Hotel Humboldt, y las grandes mayorías del país que solo pueden ver la comida y todos esos lujos, con la nariz pegada a las vitrinas.

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