CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

La apuesta es por Milei

De un venezolano en el exilio al presidente electo de la Republica de la Argentina, excelentísimo doctor Javier Milei

Estimado profesor Milei:

Lleguen a usted nuestros mejores deseos por el éxito en el empeño de enrumbar a su gran nación hacia un mejor lugar debajo del cielo, como la Argentina merece. La travesía que acaba de iniciar le significará a su país, a su equipo de colaboradores y a usted mismo uno de los retos más duros con que se haya topado nación alguna de nuestra América en los tiempos postmodernos.

Pero Argentina, sus asesores y usted mismo vienen de buenas vides; son como los caldos de Mendoza. Estoy completamente convencido que esa ecuación logrará enseñarle a América, y al resto del mundo, que sí se puede gobernar para la gente, sin usar al pueblo como idiotas de relleno.

En ese logro, hombres y mujeres venezolanos, cubanos, nicaragüenses y de tantos otros pueblos víctimas de gobiernos asesinos y tramposos, los necesitamos a ustedes como vitrina.

Presidente Milei, no espere formas ni mucho menos contenido alguno dentro del empobrecido discurso de un sujeto como Nicolás Maduro. Se trata de un individuo básico y elemental. Para mayores señas: un colombiano que usurpa, mediante trampas electorales y por segundo periodo consecutivo, la presidencia de mi país, Venezuela. Con muy pocos méritos ni talentos, excepto el de ser el favorito del régimen cubano. El fulano escogido por los hampones de La Habana para darle continuidad a las tropelías que iniciaron en Venezuela y en el resto de la zona del Caribe, Hugo Chávez junto con Fidel Castro. Para ponerlo en contexto: Maduro no llega ni tan siquiera a calzar los trazos de las caricaturas del dictador tropical creado por el genio del gran Quino.

Maduro, que es otro individuo más que profesa un enfermizo enamoramiento por un régimen miserable, asesino y cleptómano como el cubano, resulta ser adicto a un modelo envilecido, profundamente inútil e inepto para el logro de cualquier otra acción pública que no sea la de mantener a una pequeñísima clase corrupta pegada al poder por casi tres generaciones, como lo es Cuba, que no tiene nada importante, ni mucho menos que revista alguna utilidad de gobierno que enseñar.

Y lo mismo reproducen en Venezuela, pasan y pasan los años de férreo dominio, de control sobre todo y sobre todos, y estas cucarachas siguen sin nada que enseñar. No tiene ningún logro de naturaleza pública, por pequeño que sea, que mostrar ni en Venezuela ni en ninguna otra parte del mundo.

Maduro y los suyos solo son buenos para robar todo lo que se les atraviese en el camino. Pierda usted cuidado: tampoco su apego a las directrices que le son impuestas desde La Habana responden a razones de naturaleza ideológica. Maduro es solamente un “choro”, un pillo de siete suelas, cruzado con una banda presidencial también “choreada”.

Maduro simplemente forma parte de un club de dictadorzuelos de los de antes, dedicados a la depredación de los recursos y de todo aquello que tenga algún valor dentro de sus países. Maduro es parte de una internacional del robo a mega-escala, basada en el control del aparato de represión de estado, que descansa en unas fuerzas armadas corruptas a más no poder y en una importante y muy sanguinaria cantidad de resentidos sociales de los bajos fondos, armados y entrenados por la república para aterrorizar a todo un país desarmado.

Maduro es un ignorante de carrera, un ladrón de oficio, alguien que solo es capaz de repetir como un loro las viejas consignas gastadas de la izquierda fracasada, tanto de América Latina como del resto del mundo. De ahí su pobrísimo comentario al conocer de su triunfo electoral.

Así todo, Maduro está totalmente consciente de las idioteces que suele decir. Que nadie se confunda. Todo en él, y dentro de la Venezuela hecha un desastre, ha sido y es programado por otros. Todo lo que dice, hace y también lo que jamás llega a realizar, lo tiene calculado, planificado. Como si se tratase de un asalto a un banco. Maduro no es un burro, es un miserable hampón.

Por eso no es casual que le acuse a usted de neonazi. Los iraníes y los cubanos que le manejan sus salas situacionales aspiran lograr un impacto negativo cuando le hacen soltar ese disparate sobre su persona.

Y, como usted está completamente consciente, todos ellos pertenecen al mismo grupo de miserables que no solo banalizan al Holocausto, sino que también lo rechazan y niegan. Por cierto, son los mismos que tampoco tienen el más mínimo escrúpulo para dinamitar Mutuales en Buenos Aires. Ellos son quienes tienen el control de la actual Venezuela. Una galería de funestos personajes que solo buscan hacer tanto daño como les permita el tiempo y sus enredadas tradiciones y creencias religiosas belicistas.

Maduro y quienes le acompañan en el desastre que ellos llaman «gobierno de Venezuela», son la misma especie que secuestran muchachos israelíes para atormentarlos como rehenes en la Franja de Gaza. Son los mismos que matan, roban, asesinan, lavan dinero y se dedican al terrorismo en Oriente Medio. Y que, ahora, han puesto sucursales de sus sanguinarios bazares del mal en Venezuela.

Muchos, muchos más de lo que nadie imagina, estamos del lado de usted y de su equipo de Gobierno. Porque siempre hemos estado del lado de la Argentina buena y decente, a la cual supimos acoger en sus años difíciles en nuestra tierra. Al igual que ustedes están haciendo con muchos de nosotros en este momento.

Que el Dios de Israel le acompañe, señor presidente. Que el Dios de Israel le ilumine el camino a la amiga Argentina. ¡Que así sea!

Atentamente,

Pablo Marcial Medina Carrasco
Líder de la Resistencia Venezolana en el Exilio

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