CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

La canción de Juan Luis Guerra

Al pedacito de la Venezuela montada en el referéndum consultivo del próximo domingo, lo mismo que a aquella de las elecciones para las primarias de la oposición, no le interesa ni un poquito la tragedia del servicio de salud público en el país.

El sistema de salud pública venezolano está en ruinas. Se lo robaron. Los maleantes cubanos disfrazados de chicheros, los generalotes miserables de la patria y algunos de los pocos médicos inescrupulosos que no se fueron para Chile, han privatizado el Barrio Adentro, pero en sus propios bolsillos.

En el estado Bolívar, como en el resto de Venezuela, los equipos oftalmológicos, los tensiómetros y los aparatos de precisión también huyeron, aunque solo se mudaron a casas particulares del mismo barrio. Y ahí unos cuantos carniceros realizan complejas intervenciones de cataratas, retinas y glaucoma. A buenos precios. En cómodas cuotas, con todo y brujo que reza al paciente… ¡por si las dudas!

La canción de Juan Luis Guerra en Venezuela se llama Barrio Adentro y lleva de estribillo CDI: Centro de Diagnostico Integral.

Total que “clínicas privadas” en barrio adentro, atendidas las más de las veces por chicheros cubanos y médicos venezolanos sin escrúpulos, cobran en buenos dólares en estos nuevos cuchitriles de la patria.

Y, desde luego, es “eso” o buscarse un bastón, un perrito y conseguirse unas escaleras no ocupadas por otro mendigo apostado en alguna de las tantas iglesias del país de los milagros, Venezuela.

Allá, ahora y en este tiempo, los malvados del siglo XXI, junto con sus chulos de la Cuba destrozada, se reinventan la salud de un pueblo pobre que no tiene ni médicos, ni medicinas, ni forma alguna de recuperar ni la vista ni la salud perdida.

No hablo de crisis humanitaria, estoy tratando de describir el verdadero horror humano que le toca vivir al pueblo venezolano cuando se enferma. Una nación rica en gas, petróleo y minerales costosos, pero que se muere por falta de atención oportuna si a Juan Bimba le toca la mala hora de enfrentar la desgracia de padecer alguna dolencia.

Pero eso tampoco es importante. Quienes tienen los dólares o los seguros que les cubren curarse, no ven el tremendo drama que significa para cualquier venezolano, de la edad que sea, enfermarse. ¡A todo esto hay que darle un parao: porque nos están extinguiendo!

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