CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

La Conferencia Episcopal

Los curas en mi país vuelven a estar a la altura de las circunstancias. La Iglesia Católica de Venezuela enseña otra vez con el ejemplo, ¡por decir la verdad fue que murió nuestro Señor Jesucristo!

Mientras los fariseos del G-4 buscan hacernos creer que el problema en Venezuela es político y que solo se resuelve haciendo otra payasada electoral que no sirve de nada, y en medio establecen buenos negocios entre ellos y el régimen en México. Mientras tanto, la Conferencia Episcopal Venezolana echa los cuentos como son realmente.

Que no son cuentos por cierto, son las espantosas realidades que vive la gran mayoría de los venezolanos atrapados en la miseria. Venezuela regresó a la extrema pobreza. Y quienes mejor que ellos para saberlo y para sentirlo; los curas comparten la vida con la gente de a pie. Están metidos hasta las rodillas en las comunidades, en los barrios, en las ciudades y en los más remotos caseríos venezolanos: medio país está pasando hambre.

Con bonos placebo y primarias de la oposición no se resuelven los tremendos problemas producidos por los sueldos en bolívares malos, frente a gastos en dólares muy caros; solo se está hablando paja y más paja.

Debajo de las sotanas de los sacerdotes y de muchos cristianos evangélicos de mi país, hay hombres comprometidos con Cristo y con su justicia en la Tierra. Ellos, como muchísimos otros, no toman la opción de mirar hacia otro lado por el chantaje de que les regalen una nevera nueva u otra lavadora para la casa parroquial.

El país, el grandote, el de las grandes mayorías, está pasando hambre. Los políticos están en una sola viajadera, en elecciones falsas para limpiarle la muy manchada cara al régimen y en contar embustes que insisten en que no se pueden pagar sueldos y pensiones en dólares indexados porque y que no hay con qué. Que si las sanciones. Que si la producción de crudo. ¡Mentiras, señores!

¡Claro que Dios castiga sin palos ni piedras!, pero Venezuela tiene que echarle una manita. Los milagros existen, los milagros son una verdad, pero nuestro pueblo secuestrado por estos grupos de ladrones no la tiene fácil. Por eso hay que ayudar a la Providencia: ¡no hay que parar de protestar! Porque el papel de los partidos políticos del G$ consiste en enfriar la lucha y distraer el hambre. No les duele que un millón de niños haya abandonado las aulas por hambre y eso es un crimen.

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