CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

La gente es lo primero

A mí no me extrañaría ni un poquito que el “milagro” de la remisión de la CHEVRON en Venezuela le vaya a ser concedido a los rufianes del siglo XXI en cualquier momento. Tanto Edmundo González Urrutia dando vueltas de la sala al comedor sin llevar ni traer nada de nada. Tanta María Corina con sus planes “secretísimos” y sus sorpresas que nunca funcionan. Tanto “hasta el final” sin saber cómo cobrar el 75% de los votos de un país que ya no haya cómo rechazar a Maduro. Y, por sobre todas las cosas, tanto ir y regresar en las decisiones del presidente Donald Trump.

Todo eso me hace pensar que, en cualquier momento, veremos a la poderosa CHEVRON robándose, como lleva años haciendo, los hidrocarburos de todos los venezolanos encompinchados con las bandas del siglo XXI otra vez.

¡Y aquí no pasó nada!: los altos intereses en materia energética de los Estados Unidos de Norteamérica, a precios sin aranceles como el petróleo y el gas que proviene de México y del Canadá, hace al régimen de Caracas “un mal necesario”.

Como solía decir el presidente Roosevelt en los años 40, cuando hacia referencia al sanguinario Anastasio Somoza senior, dictador de la Nicaragua de aquella época: “Será un hijo de puta, pero es NUESTRO hijo de puta”. Sin temor a equivocarme, Maduro y sus rufianes conforman unas pandillas con las cuales América puede convivir divinamente.

Si la CHEVRON mantiene los hidrocarburos que ambas joyitas le tumban a todo el pueblo venezolano a precios de mercancía robada y no se le aplican a los “alijos” aranceles de castigo, todo está bien. Claro, en el entendido de que, finalmente y a calzón quitao, la administración Trump también tome la decisión de lavarse las manos con el asunto de la falta de libertades y de derechos individuales en Venezuela.

Total, si el Estado norteamericano puede convivir con los rusos, o con los chinos, o con los árabes del más lejano Oriente Medio, que tampoco son unas perlitas, de lo malvados que pueden llegar a ser con sus propios pueblos; con Maduro, con Diosdado y con Padrino, que son unos narcotraficantes de tercera categoría, también se puede convivir perfectamente.

¡Y todos contentos en la Casa de Dios! ¡Total que, como ya nos tienen acostumbrados, el pueblo, Juan Bimba, puede irse bien largo pal carajo! Es lo usual.

Siempre termina siendo así. ¿Por qué esperar otro escenario? De esa manera, los angelitos de la cuarta, revueltos con los de la quinta, los bolichicos, la “gente de negocios” y todos los enchufados se volverán a poner al servicio de cualquier invento que se les pueda ocurrir, con el cuento de salir de la pesadilla del siglo XXI, y seguir haciendo negocios con lo que no es de ellos.

Podemos entonces confiar que, cualquier disparate de naturaleza política que no incida sobre el mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo venezolano, se volverá a echar a andar.

Como ocurrió con la protesta salarial que se comenzó a desarrollarse fuertemente en Venezuela apenas un par de meses antes de que unos cuantos pusieran a pensar a todo el país solo en las primarias.

Primarias en las que se eligió a un candidato que el régimen no aceptaba. Y que luego de mucho ir y venir, se colocó a un perfecto desconocido que tampoco nunca se juramentará. ¡Del carajo!

No se peló el ilustre y poderoso hermano Sebastián Francisco de Miranda: ¡somos mundiales para el “bochinche”!

Total que ya se les ocurrirá alguna receta en la que a unos pocos les dé por hablar de democracia, de libertades, de tipos de estado, de elecciones vigiladas y de la sagrada constitución que Venezuela tiene de felpudo. Hablarán y hablarán de cualquier cosa que no sean los salarios y las pensiones en dólares, y en los montos dignos que deben recibir los venezolanos para vivir como gente moderna.

Otra vez, entre planes secretos y sorpresas ofrecidas por miedosos tapa amarilla cualquier cosa que no toque, ni roce el derecho que tienen los venezolanos a llevar una vida digna, seguramente será de lo único que estos “héroes” le hablarán al país.

¿Será que es más fácil acabar con Maduro y sus malandros a que el venezolano reciba unos salarios y pensiones que le permitan cubrir la cesta básica nacional?

¿Será que es más fácil la salida del poder de las ratas del siglo XXI a que el país, la gente de a pie, vuelva a tener electricidad las 24 horas del día, agua y acceso a la seguridad sanitaria?

Porque eso seguramente explica que los rufianes del siglo XXI continúen controlando al país y la gente, nuestra gente, cada vez esté más y más jodida. Con o sin CHEVRON robándose los hidrocarburos de Venezuela, encompinchada con las lacras del siglo XXI, Juan Bimba continúa en el mismo hueco. Se mantiene en las mismas: ¡jodido!

Porque pareciera que el problema ni es la CHEVRON, ni es el NARCO-RÉGIMEN, ni la fabulosa oposición que nunca llega a ningún lado ni llegando. En Venezuela el problema es que nadie está pensando en la gente. Entonces la gente, los trabajadores, los pensionados, el pueblo que no está en los grandes o en los medianos negocios con que se disfraza una partecita muy pequeña de una Venezuela que juega a ser salvadores de la patria, tiene que ir, por su cuenta, a buscar lo suyo. Es que está visto: ¡mejor solos que mal acompañados!

Porque el pedacito de país que nos merecemos es nuestro. Porque el pedacito de las pensiones y salarios justos y suficientes con que vivir dignamente, es nuestro.

Porque el pedacito de los hospitales que deben velar por la salud de nuestro pueblo, y que en este momento se muere entre las manos de chicheros con batas y rayos X fundidos también es nuestro.

Y hay que salir a buscarlo. Porque al final del cuento, que Dios me perdone: es lo único que vale la pena para la gente común y corriente. Cada vez estoy más convencido: ¡es por ahí por donde debemos empezar! ¿No les parece?

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