CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

La irreversible Tibisay Lucena

Todos, todos los mafiosos del régimen en Venezuela que tanto daño le han hecho a nuestra gente y a todo el país, se han ganado merecidamente el odio colectivo. Seguramente es por eso por lo que solo sus más íntimos compinches y familiares más cercanos son capaces de llorar por la muerte de Tibisay Lucena.

El desprecio de las grandes mayorías de venezolanos arruinados, dando tumbos por medio mundo, presos o prófugos de una justicia politizada es casi tan grande como la sonrisa de satisfacción de todo un país por la desaparición física de la señora Lucena. La Venezuela decente siente un pequeño desquite por mano Divina; ella siempre será recordada como el sórdido personaje con su infame Sala de Totalización y la rampa por donde bajó tantas veces con resultados electorales falsos, distintos completamente a los decididos por un pueblo ingenuo que se creyó lo del voto. Con ella, como con tantos otros, tampoco vale, ni valdrá, la excusa que dieron los responsables del holocausto nazi: “recibían órdenes”.

¡Siempre, pero siempre, te puedes negar a hacer lo que no se debe hacer!

Es la misma cuenta humana del monstruo de Rodríguez Torres. Siempre lucido, siempre dispuesto a infligir espantosas torturas físicas, matar disidentes y encarcelar inocentes. Así que el día que le tocó probar la misma medicina de su sadismo enfermo, nadie, excepto algún desmemoriado o tonto de oficio fue capaz de perdonarlo por tanto mal que hizo mientras pudo.

No hay diferencia entre un torturador y una delincuente electoral de un régimen ilegal. Ambos acaban con un país. No importa que una está muerta y el otro disfrutando de un exilio roñoso en el Reino de España. Ambos, y muchos más, son personajes del horror, asesinos de toda una nación que tienen muchas, muchísimas cuentas por pagar.

Se han muerto o viven lejos con inmensas cantidades de dinero mal habido, robado a toda una nación. Pero ¿dormirán bien? Diosdado, Padrino, Jorge Rodríguez, Tareck y tantos otros de la lista: ¿recuerdan que sus cabezas tienen precio ante la justicia de muchos países civilizados por criminales? ¿Que tarde o temprano tendrán que dar cuentas de todo el daño que han causado a tanta gente?

Venezuela, en su gran mayoría, los detesta; cómo se ríe y se burla por la muerte de Tibisay Lucena. El desprecio de todo un país no tiene precio. Solo el tiempo los separa a todos ustedes de la justicia; o Divina o de los venezolanos del día después, que tanto deseamos que saquen sus manos de nuestro país.

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