La joya de la corona


Salgan sapos o salgan ranas, Venezuela entera se las juega. María Corina y el resto del país, sin trampas, ni cuentos chinos ayer, hoy y por el tiempo que sea, no vamos a parar hasta que las cucarachas del siglo XXI salgan.
Negociación, claro, Timoteo: para arreglar que se vayan pal’ carajo, y que no olviden entre sus alijos, llevarse a ratas como tú.
Déjense de historietas: Venezuela no está dividida ni que ocho cuartos. Eso quedó más que claro el 28 de julio. El pueblo limpió el piso con los rufianes que mantienen bajo secuestro a todo el país.
No hay parte, ni nada de nada que compartir: ¡Pa’ fuera! Ustedes espantan, rayan, matan de hambre y menguan a todo un pueblo y son una pésima referencia a nivel mundial.
Luego de lo del jueves ya no hay forma alguna de ver de otra manera a Venezuela, si no es sin la plaga del siglo XXI al precio que sea fuera del país. Y, definitivamente, por la única forma en que ellos entienden: ¡por las malas!
Venezuela salió a las calles. Venezuela salió como una sola persona roja, azul y amarilla. Con la bandera volteada, pidiéndole auxilio al mundo. Se tragó el miedo, escupió el profundo desprecio que siente por el régimen de Maduro y por los desgraciados que le hacen compañía, y les recordó que malandro no puede indefinidamente asustar a la gente de bien.
Así y todo, pocas veces uno presencia una acumulación tan perfecta de errores y estupideces cometidas de un solo lado como las que hace gala la dictadura. El régimen, contrario a la más simple lógica política de elemental sobrevivencia para el día después, secuestra a María Corina Machado entre el punto de salida de su discurso en Chacao y el lugar donde había estado bajo resguardo en los últimos ciento y tantos días.
Una “cubanada”, al peor estilo gansteril de los hermanitos Castro, les hace caer en una ratonera sin fondo. Secuestrar a María Corina Machado es echarse al mundo encima. Sin aviso y sin protesto. Es abrir la caja de Pandora de donde saldrán seguramente los más oscuros demonios y las más feas pesadillas de todos esos rufianes del Tren de Miraflores.
Así, estos cretinos del siglo XXI le acaban de hacer al país el mejor favor posible: echarse ellos mismos la soga al cuello. ¡Es que ni Chacumbele!
El acto heroico y kamikaze de María Corina puede ser, y será, el fusible que haga explotar a la porquería del siglo XXI, con todo y sus “entrañables” amiguitos. Porque hasta el miedo tiene sus límites. Y ustedes, miserables del siglo XXI, acaban de llevárselo también de nuestro país.
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