Opinión

La magia de Fausto II

Orlando Peña / Venezuela RED Informativa.us

Un espejo es como una puerta que se abre al infinito. Representa el desdoblamiento o reflejo irreal de una imagen real, la entrada a una dimensión imaginaria. Crea la ilusión de realidad. Quizá sea esto lo que hace que los espejos sean mágicos, prodigiosos. Al ver la imagen reflejada en él se tiene la impresión de conectarse con la energía del universo. Los espejos son como los agujeros negros que atrapan y absorben todo lo que se refleja en ellos, bien sea energía positiva o negativa. Captan la imagen pero no el contenido de la imagen; si es una persona no capta su esencia, su personalidad, su psiquis, donde se escoden las pasiones más oscuras y secretas del personaje. De allí que el protagonista de «El talismán» de Ramos Sucre practique una falsa sonrisa antes del encuentro “con algún enemigo” y posiblemente de este modo ensaye diversos tipos de personalidad, pues la casa que habita está rodeada de espejos mágicos. Y con ello entra a un universo de alucinaciones que desea experimentar con la muerte, como en efecto lo hace.

La historia relatada en «El talismán» es la que representa el pintor Alberto Durero en un grabado llamado «El caballero, la muerte y el diablo», encarnadas como la expresión de diversas alegorías.

El personaje se dedicaba a aniquilar y corromper, despectivamente, las hijas de los pobres. Del mismo modo que en esta declaración, en el cuadro de Durero se insinúa la presencia de varias víctimas mortales cuyo autor material pudo ser el caballero o es éste el que se traslada al encuentro con la muerte personificada con barbas en el grabado, montada en un caballo vetusto. En medio del suceso representado está un individuo de aspecto elegante también sobre un caballo, inmutable ante el ambiente donde se encuentra. Pero en «El talismán» el autor re-crea la escena del grabado. Narra que el galán fue descubierto una noche por Alberto Durero quien había sido advertido por una dama que actuó cautelosamente. El protagonista salió esa noche con un farol de ronda para observar abundantemente y regresó a su habitación luego de realizar un rodeo inútil, montado en un caballo demacrado. Luego el artista lo dibujó al otro día cuando regresaba, convirtiéndolo en un duende que cabalgaba y le reemplazó el farol de ronda por un reloj de arena como símbolo de lo efímero. Es posible que Ramos Sucre se refiera a lo efímero dándole el sentido de que así como el galán asesina también padecerá la muerte.

Entonces el protagonista toma la decisión de abandonarse sin preocupación al sueño indefenso, entregando su resguardo a un talismán, a la irradiación de una botella resplandeciente donde se preserva “una criatura humana, el prodigio mayor del laboratorio de Fausto”. En este contexto el autor plantea la búsqueda del conocimiento como un problema ético que surge desde el ámbito de la magia, del ocultismo, y también de la ciencia, igualando el conocimiento con el mal. De este modo, el saber expresa el antagonismo permanente entre el bien y el mal. Es lo que se manifiesta en el mito de Fausto, el sabio inconforme e infeliz, descontento por la restricción de su conocimiento y de la ciencia, quien resuelve, a través de Mefistófeles, un demonio menor, llevar a cabo un pacto con el diablo al que le vende su alma a cambio de mantenerse joven hasta su muerte y lo conduzca a la comprensión del universo y así poder cumplir sus ambiciones.

ojp5@hotmail.com

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