CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

La ONU, ¡pupú de perro!

En el mejor intento por “desdecirme” a mí mismo… ¿Qué importancia puede tener para el sistema de valores occidental que un rufián como Samuel Moncada, mandadero de un gobierno fallido, de un régimen dedicado al narcotráfico desde el estado; cuyo dictador cuenta con una orden de captura y precio por su cabeza, sea reelecto, y por aclamación, como vicepresidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas?

Si la comunidad internacional, organizada en la ONU, donde se deben redimir todas las diferencias que puedan existir entre los países de este planeta, como dice el portavoz de la Republica Popular China, está compuesta por rufianes, sádicos y países dedicados al terrorismo y el control de las naciones más débiles, establece como una “normalidad” que pone los pelos de punta el nombramiento de ese rufián, entonces estamos mal, muy mal.

La reelección de Moncada es otra patética expresión más de lo fútil y bueno para nada que ha resultado ser el Sistema ONU.

Lo mismo que la presencia de la República Fundamentalista de Irán en la Alta Comisión de los DD.HH. de esa Organización. O la incidencia macabra dentro de la OMS de la República China. O los países cuyos gobiernos practican, de la boca para afuera, el más furibundo socialismo, mientras mantienen analfabetos y muertos de hambre a sus propios nacionales, pero que tienen encochinada a la UNESCO. Razón tuvo el genial Winston Churchill cuando le advirtió al presidente Richard Nixon por haber creado la ONU.

Todos esos altos espacios de la representación multilateral son parte del sistema ONU.

Ese sistema ONU, justamente, que no parece tener ningún problema en compartir y convivir con un fulano como Samuel Moncada, embajador de la dictadura que controla a Venezuela, premiándolo a él y al país que lo designó como embajador con los más altos cargos posibles y honores disponibles.

O sea: un “representante” de un gobierno que no es gobierno; pues no es ni legitimo ni legal.

Un régimen convicto y confeso de practicar la producción y distribución de todo tipo de drogas por parte de la más alta cúpula de sus fuerzas armadas y a la sombra del estado. ¡Eso es ONU!

Por eso, no parece ser realmente importante lo que otros países digan o crean sobre lo que pasa en Venezuela. Resulta tan fácil invisibilizar una tragedia, un holocausto como el que vive a diario el pueblo venezolano, que la verdad es que ya poco importa lo que otros crean sobre lo que ocurre allá y quienes son los responsables de todo lo que pasa en Venezuela.

Por eso, Edmundo: ¿te das cuenta de lo importante que resultaría, no solo para la autoestima política interna de todo un país, que te asumieras como el presidente legítimo y legal que el pueblo venezolano escogió en las urnas electorales el 28 de julio pasado? Venezuela, de querer en serio salir de la pesadilla que la mantiene en la oscuridad desde hace más de 26 años, tiene que montar una tienda aparte de la ONU; de los acuerdos multilaterales donde todavía toman al régimen del país como si fuera un estado normal, que no lo es.

Y eso, Edmundo, tú lo sabes perfectamente, en buena medida parte de todas estas desgracias, pasan por ti. ¡Déjate ya de frases señuelo que sabemos que no quieren decir un carajo en términos prácticos, y ponte los pantalones, chico!

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