CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

La producción y exportación de malandros

Con un cinismo que lo que da es calentura, Maduro insiste en el regreso de los más de 8 millones de venezolanos que han escapado del país.

No importa que los cortes de electricidad en toda Venezuela sean cada vez más largos, más repetidos y mucho más frecuentes. Que el agua llegue cada 20 días a las casas. Que internet entre y salga como alma en pena. Que los sueldos y las pensiones de los venezolanos se paguen en bolívares; todo se compre en dólares y los precios no paren de subir. Que solo 10 millones de venezolanos tengan acceso a las limosnas de la patria en forma de unos míseros bonos de 5 o de 10 dólares, que de vez en cuando les “caen” en sus cuenta a los más “afortunados”.

La verdad es que con el acomodo cada vez más y más estable de los negocios del régimen con la empresa norteamericana CHEVRON, las petroleras europeas y las sanguijuelas canadienses, norteamericanas, españolas, chinas, iraníes, rusas y cubanas que saquean en pandilla todos los recursos que se puedan vender del país, resulta más que suficiente para que Maduro continúe hablando de una supuesta prosperidad nacional.

Lo cierto es que esa es la verdadera razón por la cual el régimen genocida de Miraflores abre sucursales del mal en cualquier lugar del mundo. Ahora confiado, guapo, con recursos y apoyado, puede hacer lo que quiera con los venezolanos que estanos afuera, igualito que hace con los que se quedaron adentro. Como lo acaban de mostrar al mundo entero con el secuestro y posible ruleteo del teniente Ronald Ojeda en Santiago de Chile. Operación donde aparecen involucrados el presidente Boric, el régimen cubano y Bolivia, todo con el fin de armar un sospechoso expediente.

La profusa exportación de malandros, rufianes y bandas vinculadas al chavismo desde Venezuela hacia el resto del mundo facilita al régimen de Caracas cualquier actividad de contrainteligencia más allá de sus fronteras. Les hace posible y cada vez más probable poner en práctica cualquier acción para acabar con cualquier tipo de disidencia real que le sea molesta a sus intereses.

Tren de Aragua, enchufados dormidos, como los miles y miles que se encuentran en este país, son bombas de tiempo. En el momento en que sus víctimas menos lo imaginen les puede llegar la orden de activarse. Secuestran, torturan, te llevan a Caracas o simplemente te liquidan. Cargándole la cuenta a la inseguridad o a el hampa común de la cual está cundido todo el mundo.

Esto no es un historia de espionaje barato. ¡Para nada! Con menos recursos, con muchísimo menos reales de los que dispone el régimen de Miraflores, Osama Bin Laden logró adiestrar por meses a una cuerda de locos asesinos, secuestraron media docena de aviones comerciales norteamericanos regados por varios aeropuertos de este país y los emplearon como misiles contra objetivos sensible dentro de los Estados Unidos. Eso ya pasó. Eso no es una serie de Netflix.

Y sin duda alguna: el problema de Venezuela es de Venezuela. El asunto consiste en las tremendas consecuencia que genera un estado-mafia internacional con sede en Venezuela, que pueden ser inimaginables. Con un mundo cada día más y más chiquito, ahora sí es verdad que nada ni nadie es una isla, como decía aquel poeta.

Por eso Venezuela: ¡No te sigas dejando joder! ¡Vamos a ponerle fin a esta VAINA!

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba