El Fogón de la Editora

LA VERDAD

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

La tal normalidad en Venezuela es una gran mentira, no es verdad. Por más mordazas que emplee la dictadura para tratar de silenciar el desastre en que viven nuestros hermanos, no hay tal recuperación económica.

Todos los días, docenas de pueblos y ciudades en nuestro país pasan largas horas sin luz. Igual ocurre con el agua: la mandan dos días si, y cinco no. Internet se cae como un borrachito todo el tiempo. Las calles y vías, convertidas en zanjas sin asfalto, están llenas de alcabalas y de atracadores que vienen a hacer la misma cosa. Nada esta “normal”.

La buhonería y la informalidad, ante la extinción de las empresas y los empleos de antes, ahora las llaman “emprendimientos”. El asunto es que con el solo uso de una nueva palabra no se aumenta el ingreso a una familia venezolana. El incremento en la venta de tequeños, bollitos de maíz tierno y lumpias para llevar no es un indicador real para medir el crecimiento de la nueva “prosperidad nacional”. Dignas, seguro, pero esas actividades solo funcionan para evitar que nuestra gente muera de hambre.

Y sí, hay otra Venezuela: nuevos restaurantes, discotecas temáticas en el CCCT y carros último modelo rodando por Las Mercedes. Esa Venezuela es muy pero muy pequeña.

Y conste que no estoy diciendo que esos otros venezolanos que disfrutan de todo eso sean necesariamente enchufados, chavistas o narcos. Solo digo que la Gran Venezuela, la de los muchos millones, está pasando trabajo y en muchos estratos también muchísima hambre.

Esa inmensa Venezuela de la cual hablo, hace años perdió la capacidad de comprar las cosas que siempre compró, esas que daba por normales. Esa inmensa Venezuela no tiene con qué pagar los precios de los productos que exhiben los bodegones, ni tampoco los de la carne, ni los de los pollos.

No puede haber “normalidad” ni “recuperación” en la Venezuela de febrero de 2022. Lo que todo indica que realmente ocurre es que gran parte de nuestro pueblo ha sido adormecido en la denuncia; atrapado en el tema de la sobrevivencia del día a día. Nuestra gente ha brincado de la queja a la preocupación vital por la sobrevivencia. Que en nuestro país parece ser “la del más acto”. Y, en este todos contra todos, la dictadura distrae las energías colectivas que encienden las protestas de la gente, obligando a concentrar a cada uno en vivir como sea.

Es que nuestro pueblo está tan enterrado, tan saturado por las penurias, que perdió el camino de la protesta, por la mísera vida que está viviendo. ¡Nuestro pueblo está concentrado solo en sobrevivir! Santa Madre de Dios: ¡Ayuda a nuestra gente!

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