El Fogón de la Editora

LA VIGA EN EL OJO AJENO

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

¡Fin de mundo! Jorge Rodríguez, una de las principales joyitas del narco-régimen de Venezuela, anda espantado. Según él, que si no se las sabe las inventa, la presidenta de la Corte Internacional de Justicia es norteamericana. Y, para mayores señas, fue por diez años asesora jurídica del Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica.

Entonces monta un dueto de borrachos de esquina con el colombiano Maduro, y ambos ponen el grito en el cielo. ¿Podrá esa señora -se tercean- administrar justicia, ser imparcial, en el asunto de la reclamación venezolana por los 90 mil kilómetros cuadrados que nos robó Inglaterra y que ahora Guyana los tienes agarrados más fuerte que perro a su hueso?

Porque, según los dos ligaditos: eso no puede ser. ¡Eso es una locura! Eso es un inmoralidad ¿Cómo esa señora puede ser en este momento jueza con un antecedente laboral de esa naturaleza? ¡Increíble!

Los malandros que dicen gobernar en Venezuela ni tienen vergüenza ni tampoco una gota de memoria. Yo, Yolanda Medina, me quedaría calladita. O al menos ni se me ocurriría meterme por ese lado para hacerme la graciosa.

Pero estos dos vagabundos creen que la gente en Venezuela y en el resto del mundo es amnésica. Ya se olvidaron que Jorge Rodríguez, actual presidente de la Asamblea Nacional, vicepresidente a dedo cuando le da la gana a Maduro, hermano de la actual vicepresidenta del país, fue presidente por varios años de un “supuesto” poder autónomo, como lo debería ser el CNE? ¿O que el fiscal general de la república, un individuo impresentable, fue gobernador electo del Estado Anzoátegui por el partido del régimen, el PSUV? Y así puedo continuar hasta que el infierno se congele.

En Venezuela el llamado Alto Gobierno, así como las cabezas de los supuestos poderes públicos que deberían ser presididos por individuos independientes de toda militancia política, conforme ordena nuestra Constitución, son ejercidos por amiguitos y jalamecates incondicionales de los jefes de las mafias que controlan al Estado.

El gobierno, el gabinete y todos, pero todos los poderes públicos en Venezuela son escogidos y designados a través del juego de la silla. Cuando deja de sonar la música, un tropel de bandidos salen en carrera para tratar de sentarse en el primer puesto libre que consigan.

Los mamarrachos del siglo XXI ni se leyeron aquella parábola de nuestro Señor Jesucristo, sobre la viga en el ojo propio…

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