Opinión

Libertad: Al borde del imposible

Orlando Peña / Venezuela RED Informativa.us

La revolución es un acontecimiento político moderno que nace de la violencia y su objetivo fundamental es alcanzar la libertad. La violencia la lleva a cabo el pueblo oprimido que pierde su libertad entendida no como una acción vaga, ambigua, imprecisa, etérea, sino como un hecho concreto, cotidiano, de todos los días. La libertad es materialista y de ella depende la libertad espiritual, la mueve el interés económico como criterio sobresaliente de la política y la desigualdad en la distribución de la riqueza. Ningún ser humano es libre si no posee los recursos monetarios con los cuales pueda resolver sus necesidades básicas de sobrevivencia. Por ello cuando se desencadena una revolución se activa la irracionalidad en la mente de las personas impulsada por la injusticia y la tiranía, emergen del inconsciente las pulsiones instintivas incontrolables.

En este sentido, la libertad política no es un hecho político. Representa todas las acciones necesarias y necesidades validadas natural y socialmente, refrendadas en la constitución que rige la convivencia de una nación.

Todo lo que el ser humano pueda hacer o crear depende de que tenga o no libertad. La ausencia de libertad crea condiciones para la violencia. Si quiero comer y no poseo dinero para adquirir los alimentos, no tengo libertad; si carezco de ropa para vestirme y no puedo comprarla, no tengo libertad; si estoy enfermo y no tengo cómo pagar una consulta médica para sanarme, no tengo libertad; si debo desplazarme en el transporte público desde el lugar donde vivo hasta el centro de la ciudad, a la escuela, a mi lugar de trabajo y mi bolsillo está vacío, no tengo libertad; si realizo mi trabajo intelectual o manual y no obtengo remuneración, no tengo libertad.

Si toda esta situación la está padeciendo un pueblo que supuestamente hizo una revolución después de más de 20 años, no tiene libertad, lo que está viviendo es una tiranía, una forma de violencia amparada en el poder, un pequeño grupo repartiéndose las riquezas del país y la mayoría sufriendo necesidades. La pobreza es la pérdida total de la libertad y muchas veces la muerte.

Es inconcebible que un país bendecido por Dios y la naturaleza con la riqueza y la abundancia esté sometido a la pobreza, la escasez y las limitaciones económicas, solo por el capricho de un grupo de sujetos obcecados por el poder, que no reconocen su fracaso. Un país no progresa dándole migajas de comida y sueldo a su gente. Es un gobierno que ha permitido que los dos pilares fundamentales de un país, la educación y la salud, se derrumben, se desintegren como un castillo de arena.

Cuando un país cae en la pobreza pierde su libertad. Y esto lo entendieron muy bien los ciudadanos que consagraron la palabra revolución y realizaron la primera revolución del mundo moderno: la revolución francesa. Para ellos la violencia fue un procedimiento irracional usado para conformar un cuerpo político nuevo, un gobierno distinto, alejado de la corrupción, centrado en darle felicidad y bienestar a la nación. No para cambiar un gobierno corrupto por otro igual o peor. Paradójicamente la revolución francesa, igual como ocurrió con todas las revoluciones que se han producido desde el siglo XVIII hasta el presente, se corrompió, terminó en una carnicería humana, en una tragedia que solo Dios sabe si se hizo o no justicia por tantos crímenes y atrocidades. Ya el vocablo revolución tiene otros significados: derramamiento de sangre, violencia, intimidación, crímenes, tiranía, dictadura, guerra, hambre, pobreza, impunidad, injusticia, robo, corrupción, expropiación de empresas, destrucción de la producción, toda una mezcolanza del mal.

El término revolución trascendió en el mundo de la astronomía por una obra de Nicolás Copérnico llamada De revolutionibus orbium coelestium, o movimiento regular y rotatorio de las estrellas, el cual no tenía ninguna relación con la violencia ni el significado que tuvo posteriormente. Paradójicamente dicha palabra bajó del cielo, de la brillante belleza de las estrellas, al infierno. En su origen latino significa dar una vuelta en movimiento constante. Pero irónicamente, por esas cosas raras de la vida, en el mundo político cambió su semántica en el sentido de que ninguna forma de gobierno es permanente, todo cambia, nada es eterno, todo tiene un límite. En el ciclo del movimiento constante también pueden ocurrir alteraciones violentas.

ojp5@hotmail.com

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