Opinión

Líder totalitario

La Saeta Invisible / Venezuela RED Informativa.us

Los líderes totalitarios nacen con forma humana, pero su origen es otro. Generalmente surgen de una bacteria letal o del vientre de una serpiente venenosa. Por ser bacterias nocivas utilizan el poder para ocasionar daño tóxico irreparable a la humanidad, como inducir la muerte de ciudadanos indefensos e inocentes. Se ocultan tras la coraza de la violencia del Estado, que ellos creen erróneamente resistente e indestructible, para arrasar con el bien que los enloquece. Estas bacterias invasoras se consideran poderosas cuando están acompañadas, pululando en estado efervescente con otras bacterias descompuestas.

Difunden con rapidez la maldad a través de sus programas en los medios, con la intención de desequilibrar la vida humana, sembrando la confusión y el caos. Su discurso permanente es un vómito de veneno mortífero fulminante que busca ocasionar la parálisis social y espiritual, generando trastornos de todo tipo en los ciudadanos.

Como toda bacteria nociva, las bacterias letales totalitarias ya traen su ADN genéticamente programado para concebir el mal y la resistencia al bien. Una de esas bacterias totalitarias con morfología humana, que la humanidad ha tenido que afrontar durante años, es la datum est deo infernali que se cree eterna, multi-resistente a todo y sumamente peligrosa. Es una bacteria siniestra, incoherente, mitómana, canalla, diabólica, soberbia, brutal, megalómana, sicópata, maligna, asesina, violenta, hipócrita, chismosa, saturada de odio, devoradora de humanos, cleptómana, que actúa como una marioneta grotesca surgida del excremento putrefacto contagioso de la letrina del inframundo, que no tiene compasión para destruir todo lo que provenga de la naturaleza originalmente humana. Invade en fracciones de segundo el territorio de sus antagonistas que, más que adversarios, los considera sus enemigos. Las neuronas que emplea en su imperceptible raciocinio solo se activan para ocasionar daño y devorar todo a su paso. Actúa enloquecida por el mal. Extrañamente, a pesar de ser originaria de un pozo séptico, nació con los ojos verdes, igual al color del excremento de las hienas y con la piel de color blanco-trasparente como el vapor que destilan las llamas del infierno, lugar donde han ido a parar muchas de estas bacterias.

Insólitamente, esta bacteria socialista totalitaria, cuando entró al siglo XXI, sufrió una metamorfosis, pues nació sin cerebro y ciega, cuya degeneración la hace potencialmente muy peligrosa, intrigante, confabuladora y letal para la vida humana. Para vengarse de esta tara de la naturaleza, decidió crear el “Laboratorio de la bacteria del mal”, desde donde planifica la persecución, el secuestro, la tortura y la muerte de los ciudadanos. Desde allí la bacteria líder totalitaria envía y recibe información sobre el martirio al que son sometidos los ciudadanos secuestrados y encarcelados, a quienes desnudan y con un alicate les arrancan las uñas de las manos y de los pies, les oprimen los labios y las orejas que sangran hasta producirles un dolor agudo intenso que parece infinito, peor que la muerte, pues sienten que están muertos, pero no están. Posteriormente les colocan una bolsa plástica negra en el rostro y unas esposas en los pies y en las manos detrás de la espalda, hasta que la víctima se desmaya por la agonía de no poder respirar. Al volver en sí les aplican descargas eléctricas en sus partes íntimas, sea hombre o mujer.

Luego las dejan en un cuarto oscuro, lleno de excremento que parece una letrina donde hierven los gusanos, con bajas temperaturas, porque en un ambiente como este la bacteria líder se imagina que los ciudadanos también son bacterias malignas totalitarias igual que ellas. Le dan de comer a los torturados un trozo de pan duro minado de hongos y bacterias cada tres días. Por ello pierden mucho peso.

Después de tanto desconsuelo y sufrimiento, el torturado muere y es lanzado en un pozo séptico donde las bacterias totalitarias realizan su festín, devorándose el cuerpo en estado de descomposición de las víctimas, a sí mismas y entre ellas. Ante tanta tragedia ocasionada por la peste de las bacterias socialistas, Dios prometió que en pocos días hará justicia eliminándolas de la faz de la tierra.

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