CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Llamen al Chapulín Colorado

Sin ánimo alguno de hablar mal de nuestras actuales NARCOFUERZAS armadas bolivarianas, ni de sus generalotes y demás productores y traficantes internacionales de estupefacientes de la patria. El caso es que mientras Vladimir Padrino López se arrodillaba a los pies de Fidel Castro, o el resto de sus mequetrefes disfrazados de verde oliva iban y regresaban de su amada Cuba a Venezuela para verse con sus padrinos Yorubas, el mundo de verdad continuaba y continúa girando.

Así, mientras en Venezuela las NARCOFUERZAS bolivarianas llevan años transformándose en una cartel internacional de las drogas, los militares en la República Cooperativa de Guyana no han perdido el tiempo.

Resulta que los vecinos inglesitos de Venezuela, desde que se les concedió la independencia en 1970, su antigua metrópoli no los ha dejado solos ni por un instante. Lo mismo ocurre con Trinidad & Tobago, y con el resto de las islas de barlovento y sotavento que pertenecen a la Commonwealth: no se mueve una hoja, ni se saca un barril de petróleo, ni un metro cúbico de gas, sin que en Londres no se sepa.

Mezclados, como una colonia estrafalaria de esas que salen en las películas viejas de Hollywood, hindúes, aborígenes y orangutanes traídos del África han hecho a Guyana un país, con los 90 mil kilómetros cuadrados que los ingleses le robaron a Venezuela.

Mientras Rafael Caldera firmaba el Protocolo de Puerto España, “congelando” toda discusión, acción, poblamiento y explotación de nuestros recursos dentro de la Zona en Reclamación de Venezuela en el Esequibo por 20 años, del otro lado no le pararon ni medio centímetro al acuerdo e hicieron en la selva hasta para vender.

Con los 90 mil kilómetros que nos robaron los ingleses hace casi cerca de 200 años, en Guyana han hecho una máquina de producir dinero para la BP, la EXXONMOBIL, la CHEVRON y pare usted de contar, hacen toda la plata del mundo.

Hoy, luego de que Chávez le hizo todas las caritas que quiso a los gobernantes vividores de las islas del CARICOM, para supuestamente tenerlos contentos y contando con la oportuna asesoría de un mamador de gallo como canciller como fue Nicolás Maduro, que ni habla inglés, en todo ese tiempo los guyaneses nos volvieron a sacar una “morena”.

Muy nuestros los noventa y tantos mil kilómetros que nos robaron, claro que sí. Pero Guyana cuenta con unas poderosas y muy bien adiestradas fuerzas armadas.

Su actual primer ministro, Mark Phillips, por ejemplo, es un exmilitar de carrera y de altísima graduación, formado en escuelas serias de Inglaterra. El tipo fue igualmente entrenado en academias especializadas en Estados Unidos. Es experto en actividades de comandos y cuadro de honor certificado por el ejército norteamericano. Se trata de una especie de Rambo suramericano.

¡Ah!, además Phillips fue agregado militar de su país en Venezuela y nos “conoce” perfectamente. Esa gente, por formación, no manda a sus mejores cuadros a las embajadas de sus países vecinos solo para bonchar.

Y de ahí para abajo de la jerarquía militar de Guyana, los militares que ahora son los “civiles” que controlan las clavijas del poder dentro de ese país desde la independencia, son técnicamente comecandelas, matan con solo mirarte feo y están entrenados para sobrevivir por semanas seguidas en plena selva con solo un cortaúñas y un par de botas remendadas.

No lo tienen fácil los barrigones de la patria. Mucho whisky, mucha droga, muchas prepago. Queda ver si tienen también algo de valor. Claro, valor que no sea para acribillar a los muchachos desarmados de las guarimbas.

¡Mejor es que negocien y se pongan a pagar los sueldos y las pensiones en dólares de los venezolanos, y a arreglar la luz en el país de una buena vez! ¿No les parece?

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