CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Lo demás es noticia

En la Venezuela del siglo XXI los cambios son siempre para seguir en lo mismo. El régimen, como es su costumbre, pone a sus hampones favoritos a bailar con el juego de la silla y rota a sus preferidos de guiso en guiso.

Asdrúbal Chávez sale de PDVSA, luego de haberse metido una súper boloña de dinero robado al país. El tiempo del primo del difundo ya se le agotó, y le toca arrancarse para Boca Ratón a refugiarse con la madre y el padre del primer bandido de la patria, que viven en este país como unos santicos.

Y, la verdad: tampoco importa en absoluto a quién pone como nuevo presidente en PDVSA; al final ese cargo es solo para servir de guachimán del régimen de Maduro con derecho a robar. Solo tiene que abrir y cerrar la cueva de Alí Baba cada vez que el capo se lo ordene.

El régimen se roba el crudo que le está extrayendo CHEVRON en todo el país. Lo vende al mejor postor, a precios de descuento; lo cobra en efectivo en montones de dólares que pagan en paletas, y unos pocos se cogen lo que queda.

El país es un inmenso camposanto de chatarra que alguna vez extrajo y refinó petróleo. Gracias a una oposición amistosa y una administración norteamericana muy entretenida en otras cosas, las grandes empresas del petróleo le colaboran con todo el gusto del mundo a Maduro y a sus secuaces, para que se llenen los tanqueros y súper tanqueros que fondean en los terminales del país. Todos ellos con destino asegurado y sin problemas de ningún tipo hacia el resto del mundo.

Así pues que allá, en Venezuela, nunca pasó nada. O sea: Nicolás Maduro, colombiano de nacimiento, es el legítimo presidente de los venezolanos, pareciera que fue electo de forma trasparente y totalmente limpia; representa el clamor de las mayorías que se expresaron en los muy pulcros comicios del año 2017.

La Asamblea Nacional de 2015 se le reveló al régimen, tan solo lo hizo por un rato. Ellos mintieron sobre la legalidad y transparencia de los resultados Smarmatic de las mencionadas elecciones, que llevó a cabo la dictadura para inventarse, a punta de reelección, a Maduro como presidente. Y solo esa rebelión duró el tiempo suficiente para poner a un “Tonto”, abro y cierro comillas, como Juan Guaidó bajo el ala protectora de la administración de Donald Trump, lograr presionar a la dictadura y para meterse otros pocos en los más jugosos negocios del mundo.

Pero, por un instante, esa misma Asamblea Nacional, cargada con toda la fe del pueblo decente de Venezuela, puso en 3 y 2 al régimen de Caracas. Por primera vez lo hizo temblar. Hasta que, con paciencia y dinerito, la oposición se hizo parte del problema nacional y junto con los delincuentes de Maduro se arreglaron en las mesas de los acuerdos, de los buenos negocios y en la coyuntura de un Donald Trump fuera del poder en los Estados Unidos de Norteamérica. LO DEMÁS ES NOTICIA.

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