Opinión

Lo obvio que se desestima de atención

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa.us

Parecerá trivial este escrito, justamente porque de eso se trata y por eso el título, reservado a buenos intérpretes.

En cada ser humano está sembrada la semilla de la divinidad, fuente de toda virtud, como una simiente de un árbol que siendo muy pequeña posee todo el potencial para hacerse un gran ser vivo.

También, otra obviedad es que toda casa por lujosa que sea produce basura, toda persona por física e intelectualmente hermosa que sea también produce desechos, es además una comprensible ley natural.

Aunque el tema parezca poco común, resulta que lo obviamos por evidente como pasa con el aire que respiramos.

Ambos son singularmente importantes por indispensables. Uno es fuente de vida y otro fuente de la salud para mantenerla.

Una diferencia significativa, es que si mecánicamente se nos impidiera respirar por unos segundos estaríamos en problemas de vida. Sin embargo, lleva más tiempo llegar a tener los mismos problemas si no nos deshacemos de los desechos, que antes de matarnos nos intoxica y crea disfunciones que nos enferma física y mentalmente.

He aquí la etiología de las sociedades pervertidas, estas crean un universo de expresiones a cual más detestables, al punto que algunos imponen una suerte de moda que consiste en exhibir sus desechos o basuras como una virtud, inmundicias que deberían ser desaparecidas o por lo menos ocultadas, aunque sea «debajo de la alfombra».

La fuente de toda desgracia es actuar desde los desechos o influenciados por ellos, estas desviaciones podríamos llamarlas psicopatías que destruyen toda aspiración del bien colectivo que debe orientar y mantener la vida social.

Los estudiosos de las sociedades han calificado de diferentes maneras los desechos mentales y conductuales, como egoísmo, odio, envidia, complejos, maldad, venganza, mentira, deshonestidad, indecencia, arrogancia, etc, amén de los desechos físicos que crean ambientes repugnantes. Ambos tipos son escorias de procesos deficitarios del desarrollo cognitivo que muy lamentablemente van construyendo la personalidad con basura, que en un país con libertades mal concebidas, estas personas pueden llegar a ser quienes accedan al manejo de los poderes públicos.

«Moral y luces son los polos de una República; moral y luces son nuestras primeras necesidades».

La humanidad ilustrada ha realizado constructos ideales de personalidad libre de basura, eso definió la civilización en sus inicios, dejando parcialmente atrás al oscurantismo de chatarras.

La tragedia actual deviene de la revancha del oscurantismo que constituye el abismo de la ignominia desde donde las «personalidades basuras» necesitan imponerse, por algo similar al síndrome de abstinencia, para lograr aquietar las tormentas de sus sistemas límbicos.

Debo anotar uno de los tantos elocuentes presagios que El Libertador expresara en su inigualable discurso ante el Congreso de Angostura: «Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza y por el vicio se nos ha degradado…». Las basuras como armas políticas de dominio.

Tanto que se ha dicho que la educación es el camino: «Las naciones marchan hacia su grandeza al mismo paso que avanza su educación». No permitirlo, como ocurrió en Venezuela, con las grandes mayorías cuyos representantes manejan hoy el poder, fue una premonición más de El Libertador: «la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil». Por eso la consecuencia fue que: «Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción».

Estos tiempos de la hermosa celebración de la natividad de Jesús, son una invitación, una inspiración, una orientación, una propuesta y hasta una buena oportunidad para renacer desde esa semilla de divinidad que hasta los que no han tenido la posibilidad de ser buenos lo sean. Solo se requiere una decisión personalísima, disponerse es hacer el milagro de la Navidad, desde la esencia creadora en cada ser.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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