Opinión

Los clientes

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa.us

Qué nombre este del título. Me recuerda uno de los protagonistas de toda suerte de bazar, donde lo único que es verdad es la mentira. La locura, como desafueros exhibiendo la genialidad del ardid, de la trampa, de la oferta engañosa y cuanto pueda concebir la mente torcida. Así ha sido siempre, indistintamente que fuera en el mismo templo de Dios, referido en los evangelios, que hasta al mismo Jesucristo lo hizo vivir el dolor por la tragedia humana y la ira por su insensatez. ¡Aleluya! es la única alabanza que nos queda para el infinito y amadísimo verbo hecho hombre de justicia.

Bueno, ahora el título se refiere a un grupo de personas que constituyen como símil a las abejas obreras en el enjambre, solo que referido a la politiquería criolla.

Estas personas conforman realmente el epicentro de un movimiento telúrico sostenido en el tiempo que finalmente termina devastándolo todo, que en política llaman partidos y en criminología, cárteles.

Los presidentes de Venezuela, con la excepción de Pérez Jiménez y, en algunos aspectos, unos pocos más, han sido realmente malos mandatarios, pero ocurre como una parodia de un burro sobre un poste eléctrico de la calle: él no se montó allí solo, lo montaron los clientes.

Esa clientela ha sido la peste más perniciosa que ha existido en nuestro país. Son mentirosos, golilleros (redes clientelares), injustos, torcidos, concupiscentes y toda una antología de inmorales calificativos, además de ser finalmente los empleados públicos, las autoridades, a decir de muchos de ellos: «lutorida» y el origen de todas las fortunas de este país de rebatiña, todas.

Por la ilusa creencia de la democracia, se ha idiotizado al pueblo. «Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza», el engaño de la democracia por la que condenaron a Sócrates, que Platón criticó con insuperable realismo y que Aristóteles lamentó con el pronóstico más nefasto. ¿Quién desvió el ínclito legado del acervo intelectual del carácter moral de estos prohombres? que prefirieron la aristocracia, gobierno de los mejores, no de los más «vivos y tramposos», para hacer creer al mundo moderno otra cosa. Los mismos que dicen: «lutorida» llaman aristócrata a quien quieren ofender. Por esto, un burro no podría subir a un poste, sin su inmunda clientela.

Sin duda, hemos tenido clientes de florida capacidad discursiva y hasta otros talentos, pero de qué valen sin probidad, sirven de verdugos, de azotes, como dijo El Libertador.

Ahora, de nuevo vemos a la clientela al ataque, Sun Tzu, tendría que aprender del arte de este llamado enjambre, en rol diabólico por imponer a sus candidatos presidenciales a los inadvertidos «la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia, de hombres ajenos a todo conocimiento político…» De allí deriva toda suerte de propaganda, derroche, exceso y extravío hasta llevar a un desalmado a la cúspide del poder para que vuelva la repartición.

Eso no es ni fue nunca democracia, es la empresa de la mentira, desde los cárteles políticos que dominó al mundo para servir a sus amos de las élites y sus respectivos dioses.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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