CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

LOS GRINCH

Disipada la guerra de consola de videojuegos que nunca ocurrió entre Venezuela y Guyana, lo que quedan esparcidos por todos los rincones del país son los fantasmas del hambre, de la falta de luz, de los salarios y de las pensiones en bolívares y de Maduro y sus narcosobrinos, Alex Saad y secuaces haciendo de la vida en nuestro país una pesadilla de 365 días al año, año tras año.

Todo un Cuento de Navidad muy mal contado. Porque allá, en Venezuela, solo llega el Fantasma de las Navidades Pasadas. Y llega con hallacas, regalos, estrenos, luces en los arbolitos, pan de jamón y la familia reunida oyendo a la Billo’s.

¡Una imagen de antes!

Ahora, este año 2023, muy por el contrario, quien cae es el Fantasma de la Navidades Presentes del cuento de Dickens. Versión Norte de la América del Sur. Ese mismo quien tiene olvidados a más de 20 millones de hombres, niños y mujeres que están pelando bolas todos los meses del año.

Ese fantasma se consigue a un país en miseria, vestido con ropa muy lavada y familias regadas hasta en el fin del mundo. Todo ello cortesía de la revolución bolivariana, de las desgracias a las que no supimos poner fin en su momento y que trajimos de la era de la cuarta, de Cilia, de Nicolasito, de Diosdado, de Maduro y de Padrino: la banda de los Grinch. Se acuerdan: ¡el desgraciado aquel que se robó la Navidad!

Porque los “hijitos de Chávez” todo lo que tocan, todo lo que ven, todo lo que se les atraviesa y que no sea de ellos, lo joden o se lo roban.

No hay nobleza ni mucho menos honor en esa gente. Menos si naciste en un país que cuenta con tantas riquezas naturales juntas; con muchísimo menos muchos países del mundo han conseguido cotas elevadas de vida para sus ciudadanos.

Es que esas riquezas, sin ánimos de manejarlas como si se tratase de los juguetes en la barriga de una piñata, deberían servir para que todos los venezolanos dispusieran de todo aquello con lo cual puedan llevar una vida con dignidad, con salud, con educación y sin necesidad de huir a otros países.

Yo solo aspiro a que Venezuela sea devuelta a nuestros hijos, a los hijos del otro venezolano y a los hijos de toda Venezuela. Que nos regresen lo que construimos y recibimos de tantos hombres y mujeres que nos hicieron libres e independiente a lo largo de nuestra maravillosa historia. Y que estos traidores la han subastado a la peor porquería del planeta Tierra para que los protejan y los mantengan impunes de tanto mal que han generado y que no dejan de producir todos los días de Dios a toda Venezuela.

Tenemos que lograr la combinación perfecta. La receta ideal: ayuda sincera de afuera y presión sostenida de calle desde adentro. Reclamar con voz clara y valiente todo aquello que le ha sido robado al venezolano. ¡Exigir que se le devuelva y que se haga de una vez!

Porque para todo lo demás, para las rehabilitaciones, las elecciones y demás hierbas aromáticas habrá un día después. Habrá un Gobierno de Emergencia que lleve a cabo la transición que haga justicia y luego elecciones libres en Venezuela. Pero que nadie lo olvide: ¡El trineo va detrás de los renos y no al revés!

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