Opinión

Los herederos de la violencia

La Saeta Invisible / Venezuela RED Informativa.us

El socialismo del siglo XXI surgió de la violencia ocasionada por los dos únicos intentos de operaciones magnicidas conocidas durante los cuarenta años de democracia y los veinticinco años de tiranía que está padeciendo Venezuela en el presente. Ambas fueron ejecutadas para asesinar al presidente demócrata Carlos Andrés Pérez, imponer el terrorismo como gobierno y eliminar la Constitución.

Igualmente, los cabecillas infringieron el juramento militar, un acto imperdonable de traición a la patria por cuyo delito debieron ser condenados con la pena máxima, si hubiese existido una Corte Suprema de Justicia insobornable, autónoma e imparcial, y tribunales militares justos.

La primera de estas intentonas magnicidas, designada Operación Zamora, la ejecutó un militar delincuente y criminal llamado Hugo Chávez el 04/02/1992 y la segunda fue consumada por otro castrense de la misma condición inmoral que éste, Hernán E. Gruber Odreman, el 27 de noviembre del mismo año, quien, al ser neutralizado, salió huyendo cobardemente con sus cómplices tropas de hampones a Perú, donde gobernaba el tirano Alberto Fujimori, cuyo déspota fue condenado en su país a treinta años de cárcel por crímenes de lesa humanidad.

A pesar de que los culpables de las operaciones magnicidas fueron condenados a prisión por breve tiempo, posteriormente fue sobreseída su causa por el mismo presidente Carlos Andrés Pérez y luego por Rafael Caldera en su segundo gobierno. Tal vez sean estas decisiones de los dos presidentes el error más grave de su vida personal y de su trayectoria política, pues le colocaron en bandeja de oro a la organización totalitaria socialismo del siglo XXI, creada por el sicópata Hugo Chávez, las llaves que abrieron las compuertas que le permitió consumar el saqueo y la destrucción total del país.

Estos atentados magnicidas contra el presidente Pérez no fueron relatos imaginarios ni de fantasía, ni mucho menos cuentos de caminos. Se ejecutaron en la práctica y no precisamente con pistolitas de juguetes, sino con armas de guerra, lo cual fue violencia pura, terrorismo en acción. Emplearon armamento pesado, tanques y aviones de guerra que bombardearon el Palacio de Miraflores, el
aeropuerto La Carlota y el Ministerio de Relaciones Exteriores. También asaltaron con extrema violencia la sede de Venezolana de Televisión, canal de la TV estatal. Secuestraron al gobernador del Estado Zulia de aquel momento: Oswaldo Álvarez Paz. En esa intentona magnicida fallecieron 32 venezolanos y sus muertes quedaron impunes. Uno de los mafiosos criminales encargado de atacar con cuatro tanques de guerra el Palacio de Miraflores para asesinar al presidente Pérez se escondió cobardemente, traicionó a sus compinches. Y hoy este bufón matón, brutal, carente de neuronas, después que ha saqueado al país, viene a acusar a los opositores honestos de violentos.

Por ello, los malvados hijos del demonio eterno, como virtuosos corruptos, bocones, tramposos y mitómanos, mantienen latente la fuerza de la violencia que heredaron de su maligno progenitor; pues parece que el inconsciente los traiciona, porque viven acusando a los opositores de violentos como recordando y disputando siempre con orgullo criminal que ellos son los verdaderos hijos de la violencia, quienes hundieron a Venezuela en la tragedia, el eco que se propaga insistente en su inconsciente con los dos intentos de magnicidio que maquinó su asesino predecesor contra aquel extraordinario demócrata que tuvo la auténtica y buena patria venezolana: Carlos Andrés Pérez.

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