El Fogón de la Editora

LOS HIJOS DE CHÁVEZ

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

¡Es que no todos los caminantes son malandros! ¡Ni tampoco todos los caminantes son mandados por Maduro para desacreditar, para ensuciar al terrible deslave humano que vive Venezuela!

Las enormes mayorías de venezolanos que han huído del país ni son contratados por el régimen para desestabilizar a otros países, ni son azotes de barrios que salen de Venezuela para robar, para secuestrar y/o asesinar a todo aquel que se le ponga por delante.

¡Claro que Maduro sueña con repetir otro Mariel! El asunto es que en Venezuela las cárceles no necesariamente tienen que ser abiertas por el régimen para que los presos se salgan. Allá los presos se mueven con confianza, hacen sus fechorías, entran y salen de esos recintos, siempre y cuando compartan con Iris Varela los alijos, el producto de las extorciones o de los atracos que llevan a cabo; ella es quien maneja ese otro próspero negocio de la revolución bolivariana.

Montarles la etiqueta a todos los caminantes venezolanos como malvivientes y rateros es una manera facilísima que el régimen ha conseguido para escurrir el bulto; para intentar lavarse las manos por el desastre en que ha convertido a todo nuestro país.

La gran mayoría de los venezolanos que se echan a los caminos y a las selvas, son las personas marginadas de los últimos engaños y trucos de la demagogia fallida en Venezuela. Individuos, la mayoría de las veces, excluidos de los más elementales servicios modernos de soporte de vida. La última frontera del fracaso rotundo de una falsa revolución que acabó con el trabajo, se cogió la propiedad privada y arruinó todo un país próspero.

Esos grupos, en su gran mayoría, están conformados por jóvenes temerarios. Muy jóvenes. Personas que están dispuestas a arriesgarlo todo, incluso la vida, porque sienten que en una Venezuela como la actual nunca van a lograr alcanzar nada de nada.

Si antes de Chávez la pobreza en Venezuela ya era alta, Chávez y sus secuaces la transformaron en verdadera miseria. Que es peor que la primera; porque la miseria lleva pegada la desesperanza, la ruina moral y humana, la entrega resignada a un fin sin nada que esperar.

Seguramente la historia de la Perrarina es verdad. La Venezuela marginada de donde se colgó el embuste de Hugo Chávez, no es ni la sombra de la oscuridad total en que se encuentra nuestro país ahora.

Esto de la migración “relajada” venezolana no es tan simple de explicar, como ver a un caminante usando un celular costoso. Esto de la migración venezolana es en verdad un drama, una desgracia colectiva que apunta a algo más de un cuarto del total de la población de Venezuela que huyó como pudo, de la desesperanza convertida país.

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