El Fogón de la Editora

LOS NIÑOS PERDIDOS

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

A una parte muy fea del exilio venezolano la están ruleteando por el norte de la América de Joe Biden. Cuando uno mira YouTube y oye a los muchachos, y les ve las pintas, los reconoces por la gestualidad inmediatamente: se trata de la generación de los Hijos de Chávez.

Hablamos de los jóvenes que llegaron en la raya de las nuevas leyes migratorias a la frontera de México con este país. Que hicieron un largo camino, atravesando el Tapón del Darién. Que recorrieron en miseria toda Centroamérica, con la misma facilidad con que subían y bajaban día a día en Venezuela los cerros donde vivían. Esos barrios-ciudades, donde la pobreza siempre ha sido políticamente muy útil, un gran negocio. Y de donde los sacaban y los metían para ser bultos en las marchas rojas-rojitas convocadas por la tiranía, o en alguna que otra fechoría que se les pudieron haber ocurrido al comandante.

Son esos los muchachos que hoy están pidiendo a las autoridades migratorias norteamericanas que los saquen de Nueva York y que se los lleven a Canadá, porque en Nueva York hace mucho frio.

Ellos son el verdadero legado del comandante. Sangre de mi país, que estos diablos de la no-sé-qué-del-Siglo XXI la han echado a perder.

En el plan siniestro de vaciar a Venezuela que tiene el régimen de Caracas, no solo están incluidas las clases medias y altas. En Venezuela la pobreza ya es un estorbo, otra molestia. Además, a los pobres en Venezuela no les resulta fácil quitarse el chip, la mentalidad, de ser carga para el Estado.

Con el cuento de “me tienen que ayudar”, Chávez y sus ladrones usaron, manipularon, a los pobres y a la pobreza de nuestro país para robarse la plata con negocios sucios como los de PDVAL y el bojote de misiones asistencialistas de estado-ambulancia. Para cogerse a toda Venezuela y decir que estaban ayudando a los pobres… sin duda alguna ¡a ser más pobres!

¿Qué más podemos esperar de estos jóvenes que llegan desde Venezuela caminando hasta a frontera Sur de este país? ¿Qué otra cosa puede ser toda esa gente entrenada y convertida en abusadores, en eternos aprovechadores, “vivos” de todo lo que puedan recibir sin dar nada a cambio?

Roguemos a Dios para que los fríos del Norte les hagan entender que el trabajo, el esfuerzo sano, el respeto a las leyes y a las normas hacen de las personas gente decente. ¡Que las cosas no caen del Cielo, que hay que trabajarlas!

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