Opinión

Los sicópatas en el poder

Orlando Peña / Venezuela RED Informativa.us

El político sicópata es, básicamente, un delincuente, de comportamiento antisocial persistente, en el sentido más bajo de esta palabra, que aparentemente pasa desapercibido por la sociedad. Sobre todo, porque su trastorno mental y de personalidad, imperceptible, se confunde con su carácter, se percibe como un hecho normal de sus acciones, sin serlo.

Según rigurosos estudios científicos realizados por siquiatras y neurólogos a nivel mundial, el sicópata posee “una menor densidad de materia gris” en la región del lóbulo frontal “vinculada a la toma de decisiones que regula la planificación de la conducta asociada a la recompensa y el castigo”. Se considera que dicha área “nos puede liberar de la tiranía de los impulsos”, e inhabilitar “las acciones inapropiadas” frenando “el impulso emocional inmediato” que produce el dolor y el placer. En consecuencia, por los rasgos conductuales y emocionales del sicópata los científicos creen que es probable que la sicopatía tenga una base orgánica.

Una de las particularidades del sicópata es la búsqueda del poder presente en muchos ámbitos de la sociedad y mantenerse en él por tiempo indeterminado, particularmente donde abunda la riqueza material. Su objetivo fundamental consiste en acumular todo el poder considerable y aplicarlo para someter la voluntad de los otros, que acepten dócilmente sus órdenes sin importarle las consecuencias fatales que pueda ocasionarles.

Para él, los ciudadanos son objetos desechables que usa para cometer sus delitos. Siempre ve enemigos imaginarios por todos lados para proyectarse como bondadoso. Es osado y usa diversas máscaras que ocultan su perversa identidad. Con sus acciones puede destruir un país sin que le tiemble el pulso. Su mente siniestra contiene un infierno de maldad por la patología de su cerebro. Sin embargo, aunque escasos, no todos los políticos son sicópatas.

Hay dirigentes naturales, comunes, sin alteraciones cerebrales, de mentalidad brillante y saludable, que no padecen sicopatía. Por ser humanos con la cabeza bien puesta usan racionalmente el poder, sin excederse, para crear bienestar, paz y tranquilidad, darles protección a los ciudadanos y a la familia sin pretensiones ególatras. No toman decisiones arbitrarias que involucren y pongan en peligro el destino de su país. Usan el poder como conducir una bicicleta: manteniendo el equilibrio constante. No son egocéntricos ni bocones como el sicópata político. Realizan su obra silenciosamente en el tiempo justo.
Hay muchos rasgos distintivos que definen a un sicópata, incluida la camada política de esta estirpe. Su egolatría por el poder tiene como meta, por encima de todo, el logro de sus intereses personales y de los cómplices que encubren sus violaciones. Una de sus herramientas clave es la mentira. Su astucia y demagogia desmedida lo conduce a la realización de falsas maniobras que le hace ver la realidad impasiblemente, sin ningún tipo de emoción ni empatía con los ciudadanos y medir con precisión hasta dónde es capaz de llegar y lo que puede hacer. No siente remordimiento por ninguna de sus infames acciones.

Puede secuestrar, torturar y asesinar sin arrepentimiento, pues considera estas acciones procedimientos normales de su trabajo. Los políticos sicópatas, usualmente, son tan cobardes que asesinan a los jóvenes, estudiantes y artistas porque les aterroriza su canto y su palabra, quienes trascienden poniendo al descubierto sus atrocidades con su obra como un grito de resistencia contra la idiotez, la estupidez y la bajeza del poder, que son las fuerzas del mal que degradan la dignidad del ser humano. Disfrutan con el sufrimiento que les ocasionan a las personas. Mientras más daño producen más felicidad sienten. Aunque
son torpes, saben manipular combinando la astucia con una dosis de inteligencia práctica para permanecer en el poder. Por el mismo trastorno de personalidad que padecen, son resentidos sociales que no sienten afecto por lo humano. Por ello se les puede catalogar de humanos animales. Les encanta seducir con la palabra para engañar y atrapar a sus víctimas. Además, son transgresores que crean el caos en la familia y la sociedad.

Convierten la vida de los ciudadanos, mediante la confusión, en una pesadilla que a estos les impide distinguir que ellos mismos son sus enemigos. La mayoría de los sicópatas, después de causar tanto daño y maldad, mueren sin haberles aplicado justicia, aunque hay países donde han sido fusilados o condenados a cadena perpetua. Se les suministra una dosis de su propia medicina.

Otra característica destacada del político sicópata es el egoísmo, ya que quiere todo para él. Después de él no hay otra persona que lo pueda superar. Se cree superior a todo el mundo. No siente amor por nadie, solo por él mismo. En su torpeza mental medio piensa que los ciudadanos carecen de inteligencia. Aplica la maquinación cuando causa dolor ajeno, así sea sicológico o material. Más bien para él causarle sufrimiento a los otros se convierte en un festín de placer. Por la soberbia y la intolerancia que personifica, cree poseer la razón en todo lo que dice, aunque sepa que no la tiene, pues comúnmente está mintiendo: es un mitómano crónico.

Cuando toma el poder, particularmente el del Estado, el político sicópata aplica estrategias con sutil manipulación y astucia para mantenerlo y aumentarlo. Se presenta como el mesías político, el salvador, el líder carismático que tiene la solución de todos los problemas de la sociedad, prometiendo un ilusorio mundo feliz, con la premeditada intensión de concentrar todo el poder en sus manos. Esta actitud mesiánica es la expresión inconsciente de su trastorno de personalidad. Su voracidad por el poder no tiene límites. Siempre promete que va a mejorar la difícil situación de su país, la cual cada vez es peor, aparentando preocupación por los problemas del ciudadano, hasta llevar a la ruina a su país. Utiliza la careta de una falsa ideología para ocultar el rostro sanguinario de un degenerado delincuente.

Su idea política fundamental es la torpeza. Después de alcanzar el poder mediante el voto democrático, desprecia y odia la democracia y ama ciegamente la tiranía. Ahora es un déspota de la validez del voto de su antagonista. Se presenta como un individuo humilde que oculta la más horrenda degradación humana, el resentimiento, la bajeza, el odio y la hipocresía de un endemoniado, señalando que puede llevar treinta, cuarenta o más años en el poder en contra de su voluntad, obligado por sus compinches criminales, pero no quiere dejarlo para someter a su país a las peores desdichas de la existencia.

Por ello, para preservar el poder, toma la decisión que le venga en ganas, bien sea violentando la constitución, usurpando los poderes públicos y el estado de derecho, o aplicando cualquier otro medio: la venganza, censura de los medios de comunicación, culpar continuamente a los otros, dividir a sus oponentes, secuestrar personas como botín para el canje que es la condición más degradante que puede soportar un ciudadano, obtener dinero sucio del narcotráfico, saquear los recursos naturales de su país, represión, inducir al miedo, matar de hambre a las personas, corromper haciendo uso de los dineros del Estado para someter, intimidar con las necesidades del ciudadano, sobornar, amenazar,persecución, cárcel o eliminación física aplicando las fuerzas militares y policiales. Este hecho es lo que lo convierte en peligroso delincuente y asesino serial, manifestación propia de la patología que padece. En una situación de riesgo se hace mucho más resbaladizo. Su problema y miseria humana es tan grave y degradante, que le resulta difícil dejar el poder.

Por no querer abandonar el poder actúa como el delincuente que después de pasar treinta años en la cárcel le dan libertad, pero la rechaza porque desea seguir siendo reo. En su inconsciente habita la idea que ha transformado a su país en una cárcel gigantesca de tortura y terror, muerte y desolación, donde él es el carcelero principal. Además, todas sus acciones conllevan una táctica y una estrategia para confrontar a sus reales adversarios que le hace pensar y actuar fríamente. Entre las estrategias más importantes del político sicópata está la investigación, que le permite estar informado y controlar todo, para organizar el poder. Al estar informado de que se encuentra en peligro de perder el poder aplica descaradamente el engaño disfrazado de negociación, sin importarle los riesgos que ello involucre. El hecho de ser un fabulador crónico de la mentira lo convierte en creador de falsas historias, con las cuales busca confundir, manipular y convencer a sus oponentes carentes de personalidad. Utiliza contra los ciudadanos y sus adversarios la mentira como verdad y el engaño como trampa.

Aunque no es fácil deshacerse de los políticos sicópatas, tampoco es imposible lograrlo. En cualquier país donde ejecutan la tiranía, tienen su cofradía de hampones criminales, pero jamás podrán superar ni destruir la voluntad de los millones de ciudadanos de estable racionalidad que forman un país, que saben organizarse y mantener la unión para sacarlos del poder, restablecer la libertad, la paz y la democracia. La historia de la humanidad siempre ha demostrado que el bien termina prevaleciendo sobre el mal, y la inteligencia sobre la brutalidad. El mejor tratamiento psiquiátrico para el político sicópata es suministrarle una dosis fulminante de rebelión o, en su defecto, desorganizarlo y confundirlo aplicando estrategias diplomáticas ofensivas que logre debilitarlo.

Ojp5@hotmail.com

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba