Los sin rostro


Quienes quieran, pero en serio, empujar la salida de las cucarachas del siglo XXI de Venezuela tienen que comenzar por anular a los “intocables”. Empresarios, grandes cacaos, apellidotes y cientos de pillos vestidos de traje y corbata, quienes son los que, realmente, hacen posible que aquel desastre de país le funcione al régimen bolivariano y a unos pocos más.
Arreglados con el régimen, no tienen problema alguno en que les llamen como sea, “eso” está más que convenido. Porque, entre ellos, régimen e intocables, nada es en serio, todo es en broma. Y les funciona, más bien «quel carajo», a pesar de cualquier cantidad de sanciones y restricciones que tengan Maduro y toda su pandilla encima.
Es que el régimen de Caracas está igualito que las mujeres de la mala vida: hace mucho tiempo que perdieron la vergüenza. ¡No tienen ninguna forma que cuidar! Maduro, Padrino, Diosdado y todos los más sonados rufianes que componen la nomenclatura del aparato de la dictadura en Venezuela, tienen más rayas que una manada de tigres.
Pero no se puede olvidar, ellos solo ponen las caras. Detrás hay un Poliedro de “pajaritos” que hacen posible que día a día aquello le funcione solo a un grupo muy pequeño de venezolanos y asociados del mundo sucio, con los cuales se reparten la cochina. ¡Eso es así!
Ya es hora de ponerle a las cosas su verdadero nombre. Detrás de un pillo imbécil siempre hay una oficina entera de gente talentosísima y muy elegante, que les hacen a las mil maravillas todos los mandados.
Tampoco es que haga falta que sepan leer y escribir. No es casual que los amiguetes íntimos de Diosdado y del colombiano tengan cuentos de haber sido los últimos en la fila hasta en el prescolar. El rufián no necesita ser, ni presumir de ser, un académico; lo que requiere es carecer de escrúpulos y ser un maldito miserable. Si llenan tan solo esos dos requisitos, quedan seleccionados. ¡Con eso “va que chuta”!
Así, mientras Venezuela y hasta el mundo completo siempre están a la espera de un nuevo atropello, de una nueva barbaridad y de una nueva bofetada a la cara y a los estómagos de todos los venezolanos, bien jodidos por la “supuesta” revolución, muchas, muchísimas “hormiguitas laboriosas” hacen posible que la payasada del siglo XXI funcione como un mecanismo de relojería.
Justamente, esos son los mismos pillos de siempre que el país arrastra de la Cuarta. Pajarracos con fama de no partir un plato. Politicuchos que han hecho de las relaciones un poderoso negocio. Y si provienen de la sacrosanta oposición de las mil elecciones arregladas con el régimen, mucho mejor.
En la Venezuela del siglo XXI quienes tienen que hablar inglés y saber de finanzas internacionales no provienen de las fuerzas armadas, ni de las policías del país. Esos son los nuevos jefes civiles, como los de la era de Juan Vicente Gómez. Los “bachilleres” del régimen del siglo XXI son otros. Los “intocables”, los sin rostro. Los amigos de todo el mundo. ¿O no?
Para todo lo demás están los distractores. Narrativas para idiotas creadas y difundidas desde La Habana. En Cuba tienen casi ochenta años de “dilatada” experiencia haciendo tragar al mundo estupideces con relativo éxito.
Pero por favor: ¿no está precisamente en este momento el régimen montado en difundir la descabellada idiotez de invadir Puerto Rico? Pues obviamente solo aspira a buscarle la lengua a Donald Trump. ¡Por algo será!
Y así tratar de engavetar la megatrampa electoral del 28 de julio, la imposibilidad de que Edmundo entrara en su propio país a tomar posesión del mandato popular o simplemente hablar y hablar sobre la bendita carterita azul de la señora Machado. Ahora bien, para poner las cosas en el verdadero eje de las posibilidades de acabar con esa gente, ¿qué pasaría si en la próxima lista de enchufados y gobierneros comenzaran a aparecer los nombres de los “otros” venezolanos de gran prestigio que hacen que funcione la revolución con todos sus atropellos?
Sería de muchísimo provecho que empezara a aparecer bien señaladito el back up de la revolución del siglo XXI. Aquellos que están en España, en República Dominicana, en Panamá, en Venezuela como unos grandes y supuestos opositores al régimen y acá mismo, en Estados Unidos, donde dicen una cosa y hacen otras muy diferentes.
¿O quiénes son los hacen y pagan a la potente industria del lobby en Norteamérica para que el mismísimo Diablo nunca deje de proteger a los desgraciados del siglo XXI?
Digo, todos y cada uno de los “angelitos” que hacen posible que la dictadura tenga hecha trizas a los venezolanos y a Venezuela.
Las cabezas, señor presidente Donald Trump. Y no debe ser difícil. Los venezolanos, que hemos convivido por casi treinta años con la miseria y la presencia descarada de esas sanguijuelas sabemos quiénes son, qué hacen, cómo y en dónde andan. Córteles la cabeza a los secretarios, señor presidente Donald Trump y verá cómo se empiezan a caer los jefes civiles del siglo XXI, y se tambalea el narco-régimen.
www.venezuelainformativa.us no se hace responsable de la opiniones que aquí se publican. Es total responsabilidad del escritor



