CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Mala suerte

El terremoto, el tsunami de emociones, heridas físicas, mentales, pesadillas recurrentes y recuerdos horrendos que seguramente cargan a cuesta los 30 mil venezolanos que están dando tumbos en los límites fronterizos entre México y EE.UU, debe ser indescriptible.

Voltear la cara, mirar hacia otra parte para no saber de tanto sufrimiento, no es de seres humanos. Yo no puedo creer que la gente de la dirigencia opositora venezolana no esté empujando para conseguir la repatriación de los más que se puedan llevar de vuelta a Venezuela. Ellos, la misma dirigencia electorera de siempre, que tuvo muchísimo que ver con las decisiones de naturaleza migratoria impuestas por la administración de Joe Biden sobre los Caminantes venezolanos.

Si la oposición estuvo involucrada, como lo estuvo, en las discusiones y en los mecanismos de presión para que la administración federal llegará al nuevo protocolo migratorio sobre aquellos venezolanos que sueñan con entrar al Sueño Americano, ahora que ayuden para terminar con el trabajo.

Ya consiguieron la maldad, ahora cierren el asunto como se debe hacer. Tengan respeto por la dignidad de la pobre gente que se quedó sin atravesar al otro lado de ese Sueño, y que ahora vive, al contrario, dentro de una pesadilla sin fin.

Presionemos todos, pero esta vez todos juntos, para lograr articular un puente humanitario bajo el control del gobierno de los Estados Unidos de América. Un canal de rescate humano que permita devolver a tanto venezolano atrapado en México, o en cualquier otro país de Centroamérica, nuevamente a Venezuela. Un gran aporte para que una pequeña parte de Venezuela deje de ser errante, deje de ser nómada y deje de ser gitana.

Quienes pudiendo apoyar, contando con los recursos políticos y estratégicos, decidan ignorar esta idea, esta propuesta, tendrán las manos manchadas de sangre de nuestra gente en lo sucesivo. Porque cada vez que muera un caminante o que sea ultrajada una mujer o una niña de nuestra tierra, ustedes serán cómplices otra vez de abandonar a todo un país a su MALA SUERTE. Después no digan que no los alertamos, porque Dios los esperará en la bajadita.

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