CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Más de cien cadáveres en Bulla Loca

La muerte se ceba aún mucho más en la pobreza extrema y en la miseria de la vida que no es vida, pero es lo que le toca llevar a cientos de miles de hombres, mujeres y niños venezolanos que buscan oro y riquezas en las selvas del Sur de nuestro país.

Infiernos húmedos, palúdicos y sobre todo sin ley, donde los chinos, rusos, iraníes, españoles y canadienses comparten con el régimen explotaciones mineras. Inmensas cicatrices sobre y debajo de nuestra tierra, tanto a cielo abierto como en galerías subterráneas, donde les roban el país a todos los venezolanos y explotan a nuestras gentes bajo las mismas formas de esclavitud que hace más de un siglo muchas de esas naciones metidas con el régimen superaron hace tiempo. Sin aviso ni protesto, sin piedad de ningún tipo: niños entre 10 y 12 años y cualquier otro que aguante «el palo de mayoral» es bueno para la mina. Para explotarlo, reventarlo y terminar con él.

Así, en pleno siglo XXI, el régimen y muchos de sus asociados del mundo libre en lo que ellos llaman “el sector de la minería”, se están tragando las riquezas del país y acabando con cualquier vestigio humano que pueda existir en aquella zona.

En el caso de la mina Bulla Loca, no se trata de ninguna empresa de afuera. Se trata de una cooperativa de hombres y mujeres arrinconados en alguna parte del municipio La Paragua del estado Bolívar, donde solo se puede llegar por aire o por chalana, dedicada al negocio del oro.

Así, cuando la muerte en su peor forma hace acto de presencia en un derrumbe en la mina Bulla Loca, el régimen ni asiste, ni salva, ni ayuda a los sobrevivientes del desastre. Ni se altera, ni tampoco parece preocuparse por los más de cien cadáveres que aún se siguen amontonando a la pata de la mina o que continúan debajo de los millones de metros cúbicos de sedimento donde fueron tapiados.

Tampoco dejan pasar el combustible para que las voladoras remonten el río, ni permiten el despegue de cualquier helicóptero para poder asistir a las docenas y docenas de heridos que produjo el derrumbe. Y con el cuento de que quienes explotan la mina Bulla Loca son mineros ilegales que tratan de conseguir oro en una locación no autorizada, el régimen los condena a su mala suerte.

Claro, para que la NARCOGUARDIA nacional y el resto de las fuerzas irregulares que se pasean con total libertad por aquellas selvas, les cobre todo tipo de vacunas, la más inimaginables formas de extorsión, les vendan combustibles a precios de oro y los tengan acoquinados con todo tipo de matraca. Para eso sí que los mineros ilegales venezolanos son buenos.

Como decían los viejos en mi pueblo: estos sinvergüenzas del régimen son “candil de la calle y oscuridad de la casa”. ¡Miserables!

Por eso Venezuela: ¡No te sigas dejando joder! ¡Vamos a ponerle fin a esta VAINA!

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