El Fogón de la Editora

¡ME DUELE EL ALMA!

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Mes tras mes aumenta, y cada vez resultan más y más alarmantes, las cifras de los migrantes venezolanos que se suicidan en Colombia o en las diferentes rutas de la diáspora que serpentean nuestro continente.

La incidencia más alta se consigue entre los venezolanos que, a pie, huyen del país con lo que llevan puesto. Y ese salir de la Venezuela de la dictadura como sea, cada vez más aumenta la cuota de inocentes que mueren en los caminos.

El arrojo con que familias enteras se echan a las veredas para escapar de la miseria de nuestro país en ruinas sobrepasa la valentía personal, para convertirse en actos colectivos de temeridad. ¡Así estará Venezuela, Dios Santo!

Los videos y los espantosos testimonios que muestran a los venezolanos tratando de atravesar el Tapón del Darién para terminar a los días atrapados en un campo de deportación en Honduras, a cualquiera le parte el alma.

Venezuela desparramada y regada por medio mundo, es una cosa de locos. Más del 25% de nuestra población ha tomado la ruta de los aeropuertos, las fronteras, los peñeros y los «como sea», para escapar del infierno que se ha abierto sobre nuestra tierra; que es donde se ha establecido el mismísimo diablo, a través del socialismo del siglo XXI.

Los cada vez más dolorosos casos de suicidios de nuestros migrantes solo se pueden explicar por la desesperación y por la ruina moral y espiritual a que han llevado a grandes capas de nuestra sociedad, en especial a las más humildes, el régimen miserable y asesino de Caracas.

Un borde, una frontera de cordura, ha sido traspasada por cientos y cientos de venezolanos que no ven otra solución de vida que no sea la de lanzarse a lo incierto de los caminos que recorren a América. Miles de venezolanos se han convertido en nómadas modernos, en pobladas de itinerantes con solo agenda de salida y muy poca certidumbre para las llegadas.

Un cuarto de la nación, un cuarto de la sangre de Venezuela se ha marchado del país; mientras que, un pequeño puñado de malvivientes sin perdón de Dios hace burlas de sus desgracias.

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