El Fogón de la Editora

MEMORIA Y CUENTA

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

No mucho antes de la mala hora de Hugo Chávez y sus compinches, el Ministerio de Educación de Venezuela quizá fue el organismo público más grande que llegó a existir en toda la América Latina. Y no podía ser de otro modo. Nosotros, Venezuela, llegamos a tener sentados en pupitres a más de 13 millones de niños de todas las edades, todos ellos dependientes del presupuesto del Estado Petrolero venezolano.

¿Una locura de burocracia? Quién sabe. El Estado Benefactor venezolano comprometido fue capaz de atender y educar a una mayoría de nuestra población infantil y juvenil. Y arriba, para que a nadie en el mundo entero se le ocurra olvidar ni por asomo, también le ofrecimos educación de calidad y gratuita a millones de colombianos, peruanos, ecuatorianos, panameños, gente del Caribe, Haití y cuanto desamparado se coló por entre nuestras fronteras pidiendo refugio o huyendo de la violencia. Todos, todos los que quisieron, estudiaron. No pagaban ni un centavo. Mucho uniforme, zapatos, potes de leche, libros y lápices repartió el país año tras año.

¡Es que había que verle la cara y meterle el pecho para tener tantos muchachos en las aulas del país! Se dice fácil y los números caben sencillitos en cualquier pedazo de papel. Pero era un mundo; la educación en Venezuela era un país dentro del país. Con todo lo que significaba en términos de impacto social, económico y cultural para aquella Venezuela.

Cientos de miles de docentes, trabajadores, administradores, constructores y empresas que producían las infraestructuras educativas. De paso todo el mundo quejándose. Peleando todos los años bombillos echados a perder, por los asientos rayados, por las pizarras manchadas, por todo.

Hoy, una porquería de supuesta revolución después de todo aquello, la plantilla escolar de Venezuela si acaso llegará a los 3.5 millones de muchachos. Con maestros cuyos sueldos, en el escalafón más elevado de lo que queda de ese sistema que cobran, en enero de 2024, como Docente VI 600 bolívares mensuales. Eso, llevado a dólares, son 17 dólares mensuales. ¡17 dólares mensuales para que viva un docente venezolano en 2024, cuando solo la cesta básica alimentaria venezolana se encuentra por encima de los 550 dólares por mes.

Me explico: hoy en día, dedicarse a la docencia en Venezuela, es como cometer suicidio.

¡Que Dios me perdone!

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