El Fogón de la Editora

MENTIRAS PELIGROSAS

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativ.us

El sueño americano para aquellos venezolanos sin visa que buscan salvarse de un país sin aparente futuro siempre ha tenido un elevado precio.

Y a esos costos hay que sumarles otros. Pues no hay nada más feroz en Venezuela que los desencuentros entre los venezolanos en contra de los mismos venezolanos. Porque ahora, a partir de las fuertes condiciones migratorias impuestas por la administración Biden, se acaba de abrir la temporada de caza. ¡En eso sí que somos terribles!

Es que la única que puede acabar con Venezuela es solo Venezuela. Para muestra el infame régimen que nos está exprimiendo, con sus compinches de la oposición: 100% venezolanos, menos Maduro.

Es que ahora la realidad migratoria venezolana hacia Estados Unidos cambió. Nuevamente Estados Unidos vuelve a ser un destino casi que imposible para el venezolano de a pie. Con las recientes medidas federales no tiene ningún sentido, si es que alguna vez lo tuvo, tomar los riesgos del infierno del Darién o el deambular por toda Centroamérica para llegar a este país. Sin pataleo alguno: ¡así no van a poder entrar!

Ahora la única manera que tiene la Venezuela que está radicada en Estados Unidos de ayudar a la Venezuela caminante es convirtiéndose en su espónsor. Probar en este país la formalidad de su condición de residentes y buen manejo de las obligaciones fiscales, y solo así podrán dar la cara por el país que deambula. Con estar por encima en un 125% de la tasa de pobreza de Estados Unidos y tener la voluntad de apalancar a aquellos que desean entrar en este país se puede ayudar a un hermano. Nada más.

Así pues, yo creo que luego de estas nuevas medidas migratorias, se acabaron para siempre los “acá todo está buenísimo, los estamos esperando”, del cual tanto se ha abusado en el pasado por los venezolanos que estaban «haciendo la América».

Acá, a la Venezuela que vive bajo el paraguas de la protección y de las oportunidades de esta Gran Nación, le va a tocar ser verdaderamente sincera con los suyos, que se encuentran esperando entrar, pero del otro lado.

Simple: porque en este país ni las calles son de oro, ni la vida, el día a día, es tan fácil como muestran las películas de Hollywood. Ni mucho menos. Como tampoco la cosa es tan chévere como muchas veces hacemos creer a través de las publicaciones en el Facebook.

Yo creo que para muchos de nosotros llegó la hora de decir la verdad. ¿No les parece?

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