CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Mentiras tontas

Si no fuera por lo arrastradas que resultan ser las declaraciones de la señora Uzcátegui, que habla de la fe que dice tener la oposición venezolana en la transparencia del mejor sistema electoral del mundo, cualquiera pensaría que se trata de un mal chiste. ¡De locos!

El régimen cobra, y cobra bien, los reales y los negocios en que ha puesto a estos farsantes del G-4. Los hace repetir las estupideces que los cubanos quieren que la oposición diga. Para eso es que el régimen jefea a la cúpula de la oposición venezolana, para que diga y haga lo que a la dictadura le interesa y le conviene que diga.

Pero, de verdad, señora Uzcátegui: hay que ser muy miserable para declarar lo que usted dijo. ¡Por Dios! Desde el referéndum revocatorio en contra de Chávez en 2004, todos ustedes, y una buena parte del país, están al tanto de lo que se puede hacer con las máquinas Smartrampas; ¡y que se hace!

El sistema político venezolano lleva 20 años arrodillado frente a una falsa democracia electoral, desde la instalación del “mejor sistema electoral del mundo”. Que, como en el cuento: ¡quita todo lo “malo” y lo pone todo bueno… pero siempre a favor del régimen!

El sistema es una caja negra en la que se revuelven algoritmos matemáticos, inyecciones fraudulentas de votos en remoto de un padrón electoral echadísimo a perder y la imposibilidad de llevar a cabo alguna auditoria que valga la pena. Pues la negativa del CNE de cotejar los cuadernos electorales con firmas realizadas a mano y el número final de votantes que participaron de verdad no hace ni fiable ni seguro, ni muchísimo menos confiable al sistema electoral venezolano.

¡No tome por imbécil al pueblo venezolano, señora Uzcátegui! Bastante palo tiene que llevar la nación entera con estos desgraciados de Miraflores, que le han secuestrado la vida. Que lo tienen pasando hambre y necesidades con sueldos en bolívares y gastos en dólares. Con una crápula de la cúpula de una supuesta oposición que, de paso, está persiguiendo a los últimos pendejos que quedan en el país para ver como los utilizan otra vez. ¡Caramba, tengan vergüenza!

Más bien salgan a hacer campaña para la sinvergüenzura de las primarias, con una agenda electoral de conflicto y de confrontación. No sean tan elementales digan, al menos, algo que tenga valor para la gente, no solo para maquillarle la reelección, supuestamente democrática, al colombiano el año que viene.

Al menos digan que están buscando la candidatura para enfrentar al régimen, para lograr cosas puntuales y precisas como la dolarización de los salarios y de las jubilaciones en el país; como la presencia de los iraníes y la destrucción en el arco minero, y el millón de niños que salieron de las aulas por desnutrición.

Les regalamos un discurso menos nebuloso que el que todos ustedes utilizan y en el cual ya ningún venezolano sensato cree.

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