México ya lo hizo, Delcy: ¡Ahora o nunca!

César Ojeda / Venezuela RED Informativa.us
México tiene libre comercio con Estados Unidos desde hace décadas — el T-MEC es hoy su columna vertebral económica. Y acaba de sumar un acuerdo histórico con la Unión Europea eliminando aranceles en más del 90% del comercio bilateral.
No importa quién gobierne México: cuando se trata de abrir mercados, hasta los gobiernos equivocados hacen cosas correctas.
La pregunta es inevitable: ¿por qué Venezuela no puede aprender de ese ejemplo?
Delcy Rodríguez es, guste o no, quien hoy tiene en sus manos la conducción real del país, al menos por un tiempo.
Hay que ser realistas: su peso en la conducción económica viene sostenido, en buena medida, por Washington.
Eso, paradójicamente, también es una oportunidad. Tiene frente a ella algo que pocos funcionarios del régimen han tenido: la posibilidad de pasar a la historia no como guardiana de un modelo que fracasó, sino como arquitecta de una apertura que reactivó a Venezuela.
No se trata de ideología. Se trata de pragmatismo elemental.
La receta no es compleja. Eliminar los aranceles a los vehículos —de paseo, de trabajo y de carga— devolvería movilidad a una población que lleva años submovilizada.
Liberar de gravámenes la importación de maquinaria pesada para construcción y de equipo agrícola e industrial dispararía una inversión privada que hoy simplemente no ocurre porque el costo de entrada es prohibitivo.
Imperativo eliminar toda la burocracia aduanera. El sector privado no necesita que el Estado lo conduzca: necesita que el Estado es bastante del camino.
El efecto sería inmediato. El movimiento comercial generaría empleo real, no el empleo ficticio de una nómina pública que se sostiene con petrodólares que ya no llegan.
Ese empleo real obligaría, por lógica natural, a racionalizar el gasto del Estado: menos dependencia clientelar, menos subsidios improductivos, menos poder de chantaje sobre ciudadanos que hoy sobreviven de salarios como dádivas.
Claro que habría resistencias. Siempre las hay cuando se toca un modelo construido sobre el control.
Pero la realidad geopolítica es también una realidad: es Washington quien hoy define, en buena medida, los márgenes de maniobra del gobierno de Caracas. Y Washington —con sus propios intereses— no está pidiendo inmovilismo económico. Está pidiendo resultados que justifiquen cualquier entendimiento.
Delcy tiene ahí su ventana desde donde puede dar señales creíbles de apertura económica, de respeto al sector privado y de reducción de las barreras que ahogan la producción, eso cambiará la narrativa que el mundo tiene sobre Venezuela.
No será suficiente con gestos. Pero quien no comienza, nunca llega.
La pregunta es si Delcy Rodríguez está dispuesta a acabar de una vez y para siempre con el mesianismo. Y si ella tiene la voluntad real de comenzar a minimizar y reformar el Estado venezolano hasta imponer orden y disciplina en todo el territorio nacional.
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