Mírense en el espejo de Carlos «El Chacal»


En 1994 el tristemente célebre tachirense por su crímenes y andanzas, Ilich Ramírez, alias Carlos “El Chacal”, se dedica a engordar escondido en Jartum, capital de Sudán. Para ese entonces sus siniestras aventuras solo servían para contar cuentos sangrientos y animar a otros asesinos del mundo árabe.
Ya había quedado en 1975 la captura y el secuestro de los miembros de la OPEP, quienes se encontraban sesionando en Viena, cuando un comando liderado por esta joyita cargó con todos los ministros de petróleo de la organización, pidió un realero por su liberación y se los llevó a la Libia de Muamar el Gadafi.
Igual utilidad cumplieron los pavorosos atentados dinamiteros efectuados en un Café de París, que acabaron con las vidas de varios inocentes, que Carlos también llevó a cabo. O el tiroteo que protagonizó cuando enfrentó a un par de policías que pretendieron aprehenderlo en París, resolviendo las diferencias matando a los agentes a quemarropa, en la puerta del apartamento donde se escondía.
Pero el tiempo, implacable, fue acabando poco a poco con él. Porque nada es para siempre. Y muchas veces, pero muchísimas veces, la justicia tarda, pero llega. Es el caso que Ramírez, el protagonista de esta fea historia, primero cayó en desgracia con la OLP de Yasir Arafat, por pasarse de vivo. Después le tocó hacer duelo por el derrumbe del comunismo soviético, el Muro de Berlín, la KGB y la STASI; que siempre tenían algún “encargo” que confiarle, darle dinero y cuidar de él.
Total que confiado, como todo rufián, como le pasa a Diosdado, se esconde en Sudán, segurísimo de que hasta allá sus más peligrosos “acreedores” nunca iban a dar con él.
Pero un buen día, como en el sonado caso de la extracción de los «mariocorinos» y de la mamá de María Corina en Caracas, en las narices mismas del régimen de Caracas y sin percutir un solo tiro, se llevaron a Carlos “El Chacal”, y no el de la “Trompeta” precisamente.
Sus propios “asociados” lo traicionaron. Se lo venden a un comando de la Legión Extranjera Francesa que “pasaba justamente por ahí”. Lo meten en una caja de madera. Lo embarcan en un avión y “voilá” termina en París. Lo demás es noticia.
Su querido primo, Rafael Ramírez de PDVSA, se lo mete a Chávez por los ojos. Le agencian defensa legal, argumentando que aquellas no eran “maneras” de extraditar a un honorable ciudadano que estaba viviendo de su retiro. Y, como siempre, la marica de Ramírez y el ladrón de Sabaneta les gastan una fortuna de los venezolanos en tratar de convertir a un asesino en un héroe de la causa Palestina.
Cuento todo esto, comiéndome un bojote de detalles aún más novelescos, para recordarle a Maduro, Cilia, Diosdado, Padrino, Delcy, Jorge y una interminable lista de genocidas y hampones públicos más de la nefasta Venezuela del siglo XXI, que todos ustedes están igualmente marcados.
Hay “alguien”, hay mucha gente, que también los quiere ver dando cuentas a la justicia. Y, como en el sonado caso de la extracción de los «mariocorinos» de Caracas, se ha abierto todo un mundo increíblemente grande de posibilidad dentro del cual “cabe” cualquiera de ustedes. Están muy cerca de llevar a cabo un “largo paseo” sin regreso. Aprovechen: cómanse, mientras puedan, sus últimas cachapas y arepitas rellenas con chicharrón pelúo y agua e’ panela.
Porque el resto de sus vidas la van a pasar comiendo comida chatarra, después de hacer una buena cola de rufianes como ustedes que llegaron primero a las cárceles federales de este país donde terminarán sus días. Eso sí: mantengan el cepillo de dientes a la mano, sus pastillitas y los tratamientos médicos a su lado. Porque uno nunca sabe…
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