Modus operandi


Quienes siguen mirando las relaciones Trump-dictadura solo por el lado del regreso de María Corina Machado a Venezuela, es miope de la política. Nuevamente, como cuando inventaron a la república de Panamá con todo y Canal en el Waldorf Astoria de 1904, a Venezuela le salió hotel y espaldarazo a la dictadora encargada.
Trump primero trata de desmoralizar a su contrincante y cuando lo tiene arrinconado entre la depresión y la desesperación, le tira un salvavidas. Quienes no se hayan leído el librito de cómo es que negocia el caballero, continuarán padeciendo una severa depresión.
Repito: aquí el asunto no es entender cómo funciona la psiquis del presidente norteamericano. Acá de lo que se trata es de como echa «palante» el venezolano de a pie, y no perder a la república en el intento.
El presidente Trump sabe que buena parte de sus chifladuras van a ser matizadas a partir de noviembre. Ya hasta les dice a los iraníes que espera arreglarse con ellos después de las elecciones de medio término. Ha conseguido activar exitosamente su
principal recurso de negociación con Venezuela: Nos tiene en el rincón de los desmoralizados, en situación de depresión colectiva.
Por eso: ¡nada mejor que la calle! No por el regreso de quien sea, por la sobrevivencia de la nación como raza. Es decir, hay que dejar de usar al gobernante Trump y al señor que le cambia los pañales a la dictadura en Caracas como interlocutores de nuestras
exigencias-país.
¡Hay que gritar más alto! Que nos escuche el Congreso, los medios norteamericanos, los empresarios que tanto necesitamos para rehacer a Venezuela y la América que también está bien arrecha con todo lo que está pasando.
Salarios, presos políticos, desmantelamiento del aparato paraestatal y creación de una Junta de Gobierno. ¡Nuestra agenda-país sí que es bien grande!
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