CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Muerto el perro se acaba la rabia

Pues yo sí me meto, grito, insulto, propongo y pataleo las fórmulas que sean para extinguir a la plaga del siglo XXI que mantiene arrasada a mi país, Venezuela.

Analizo como cualquier hijo de vecinos los enredos de telas de araña en donde están atrapadas las vidas de casi todos los venezolanos. De todos los recursos, de los espacios de nuestra tierra; de los millones que hemos sido obligados a salir huyendo del país y de los tantos más que se tienen que calar a todos los rufianes del siglo XXI de sol a sol, porque permanecen en una cárcel llamada Venezuela.

Trato de no meterme en camisa de once varas. Comento con el respeto que debe tener un huésped en casa ajena, las acciones y omisiones del gobierno de un país como Estados Unidos.

Pero es de antiojitos: con solo meter preso a los traficantes de fentanilo que le están haciendo un hueco humano a este país, no es suficiente para acabar con la pandemia de zombis que el consumo de esa porquería está produciendo entre miles de norteamericanos. Que, sin duda alguna, si el gobierno federal americano no controla las entradas y los alijos que llegan de ese veneno desde afuera, la desgracia que se ve en las calles de las ciudades norteamericanas no va a desaparecer por sí sola.

Que si Estados Unidos no se termina de poner de acuerdo con países como China, por ejemplo, en el tema de la movilidad de los principales precipitadores para la producción de esa basura, o con México en el combate en contra de los carteles de drogas. Pero con profilaxis y mucha educación buscan reducir el consumo interno, cada vez más habrá más y más norteamericanos perdidos en el combate en contra de las drogas y de las adicciones colectivas.

Lo mismo sucede con la inundación de migrantes ilegales, en especial venezolanos, que cada vez es mayor en este país. O algo más dramático todavía para nosotros los venezolanos: porque cada vez son más los infelices hombres, mujeres y niños que son retenidos en los campos de concentración Made in USA, ubicados en los diferentes países de Centroamérica que son paso obligado para llegar al Norte.

Porque el problema, muy en particular el problema de la migración ilegal venezolana que busca entrar en este país, no es un simple asunto que se restringe espacialmente a la frontera Sur de los Estados Unidos de Norteamérica.

La verdadera causa de toda esta endemoniada locura migratoria que se ven obligados a sufrir miles y miles de venezolanos de a pie, hay que buscarla en el Norte de la América del Sur; en las condiciones políticas y económicas entre las cuales se arrastra o está hundida Venezuela.

Es muy importante para la Resistencia venezolana dejar una y las veces que sean necesarias, bien claro que sin alterar las causas que precipitan el holocausto que vive Venezuela en manos del régimen de Maduro, no habrá Tapón del Darién, ni Campos de Concentración o de Retención migratoria en Centroamérica, ni nada que detenga a un pueblo hambreado, humillado, vejado y espantado para que no decida huir, como sea y con lo que sea, de mi país. Está más que claro: si se atacan las causas de esa desgracia, las consecuencia tienen que desaparecer. ¡Muerto el perro se acababa la rabia!, ¿o no?

Por eso Venezuela: ¡No te sigas dejando joder! ¡Vamos a ponerle fin a esta VAINA!

www.venezuelainformativa.us no se hace responsable de la opiniones que aquí se publican. Es total responsabilidad del escritor

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba