CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Nada de milagros

No nos engañemos: en Venezuela no hay arreglo posible, no hay acomodo en que se pueda pensar, con la permanencia de la dictadura, ni tampoco con los personajes arrastrados y siniestros de la oposición tarifada por el régimen. En Venezuela, para que nos mantengamos bien claros: ¡la única salida posible del país es primero saliendo de todos ellos!

El país se comienza a arreglar con la expulsión de Maduro y del resto de sus fichas del poder. Con el retiro de todas las fuerzas de ocupación que conforman el paraguas de protección intercontinental con que cuenta la narco-dictadura. Todas esas bandas que tienen al país como un burdel de carretera. Con la baja inmediata de toda la oficialidad de las NARCOFUERZAS armadas bolivarianas, sospechosa de delitos. La apertura inmediata de juicios a todos ellos por cargos de traición a la patria, extorción, corrupción, desvalijamiento de todo un país y actos de genocidio, sobre todo aquellos indiciados de ser malandros. Y a partir de ese momento es que empezamos.

Mientras tanto, mientras ese momento le llega a la Venezuela decente, que es mucha, hay que abrirle una ventana de vida, de sobrevivencia digna, al venezolano común y corriente que vive en el país. Al venezolano que no hace ni tiene en perspectivas hacer negocios o arreglos con el régimen que le mejoren su posición económica.

No estoy hablando de otro Plan de Emergencia como el que puso a andar Wolfang Larrazábal, tras la caída de la dictadura de Pérez Jiménez. Hablo más bien del justo pago, a través de la dolarización de los sueldos, salarios y pensiones que reciben millones y millones de hombres y mujeres de nuestro país, y que tiene como origen el trabajo honesto y productivo. Hablo de cumplir con lo justo con un trabajador o un pensionado, que está obligado a pagar todo aquello que desee consumir en el país en dólares; mientras recibe como pago bolívares, arrasados por la inflación ocasionada por las acciones y omisiones de un régimen fracasado en lo económico y fallido en lo institucional, lo social, lo político y en lo ético.

Y tenemos que obligarnos a ver las cosas como son. La dolarización e indexación de los sueldos y de las pensiones en Venezuela no es, ni muchos menos, un fin en si mismo. Es un medio que debe garantizar la vida digna, la capacidad de consumo real del trabajador y el pensionado dentro del país.

Lo que pasa es que, luego de más de dos décadas siendo desvalijados por el mismo régimen, por las mismas caras y por los mismos malandros que nunca cambian, somos propensos a pensar que hay que vivir dignamente. Poder adquirir para nuestras familias y para nosotros mismos los bienes y servicios que nos garanticen una “buena vida”.

Hoy vivir con dignidad solo se puede ver como UN MILAGRO. Y eso, eso, no es verdad, disfrutar de una vida decente, digna, es también un derecho humano. Otro de los muchos que estos facinerosos han vulnerado a toda una nación.

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