

Las peleas a muerte entre las bandas de pranes que controlan el poder en Venezuela son otros distractores que ocultan la tremenda realidad nacional.
Mientras El Aissami refunfuña por su mala suerte con sus paisanos iraníes, que le garantizan protección a su vida, a cambio de un pago proporcional, y los siniestros hermanitos Rodríguez sueñan con sus futuras cuentas, manejando el efectivo obtenido por la venta del petróleo de los venezolanos, el país de verdad-verdad sigue pasando las verdes.
Los salarios y pensiones de todos los trabajadores venezolanos se continúan pagando en bolívares, mientras la inflación, que mantiene su camino, continúa subiendo en dólares.
¡Y por supuesto!: las series de gansters y malandros que pasan por NETFLIX deben tener su inspiración en el régimen de Caracas; pero eso no mejora en nada la calidad de la mala vida que lleva nuestra gente.
Porque es verdad: ¡En Venezuela la realidad supera a la ficción! Lo cual, estemos claros, ni arregla ni ayuda en nada en las necesidades de los venezolanos.
Pregunto vale: ¿No quedarán en el mundo unos cuantos países decentes que estén dispuestos a ayudar a toda una nación que se encuentra secuestrada bajo el control de un pequeñísimo grupo de facinerosos del hampa internacional, disfrazados de ministros y funcionarios de lo que una vez fue un estado? ¡Tiene que haber!
Yo no me puedo creer que esas barbaridades que lleva a cabo el régimen de Maduro, a la vista de todo el mundo, no tengan una respuesta valiente y definitiva; ni por parte de los venezolanos que aún se encuentran en Venezuela, ni por los muchos que estamos fuera.
Yo pienso que debemos avanzar, pero en serio. Avanzar y con velocidad. Hay que crear una Junta de Gobierno de verdad en el exilio; encapillaos, en donde sea, que nos convirtamos en el primer clavo del ataúd de todos estos malvivientes que tienen secuestrada a Venezuela.



